El espejo de Oesed
No se trata de magia en el sentido más estricto de la palabra, de la irreal y de película. Se trata de la magia más puramente infantil e inocente. De la de los niños, que tan bien han aprendido a hacer convivir su mundo interno con el real. Que viven tanto en un mundo como en otro, que no aborrecen ninguno de los dos, que ni siquiera son conscientes de que puedan existir estos dos mundos, si es que así es. Los niños, que, por encima de todo, creen. Creen que todo es posible, tienen especial intuición para poder palpar con algún sexto sentido la parte especial o mágica de la vida; la que dota a los cuerpos de movimiento. Supongo que algunos somos juguetes que hace tiempo que no son usados, que no nos toca o roza la magia que los niños dan a sus muñecos para que estos puedan jugar con ellos.
Y me pregunto si se podrá recuperar esa magia de la que tan deliberadamente nos hemos desentendido; como si no la necesitásemos, como si fueran cosas de críos, como si no lo fuéramos ya nosotros... Y me pregunto dónde estará, si en nuestro mundo, del que la hemos desterrado, o en el interno. Hay sabiduría en los niños y en sus cosas: dejémonos enseñar, aprendamos esa simbiosis que concilia y pone en comunión nuestros dos mundos y los vuelve uno sólo, tocado y ligeramente impregnado de cierta magia.
—Nos muestra lo que queremos... lo que sea que queramos...
—Sí y no —dijo con calma Dumbledore—. Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos. Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.
Continuó:
—El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado. No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo. Ahora ¿por qué no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?
La culpa no es tuya, es del sistema.
Como que, por ejemplo, cuando la bestia te enseña los dientes te da la oportunidad de poder observarlos más de cerca y de darte cuenta de que no son ni tan grandes ni tan afilados. Que madrugar puede tener su gracia, hasta puedes piyarle el gustillo y todo. Que me gusta tragarme absurdos programas sobre americanos viviendo el sueño americano para regocijarme en la confortable sensación de darme cuenta de que yo no quiero eso. Que tengo tiempo para leer con tranquilidad, de ponerme metas personales que me divierten. Que tengo tiempo para mirarme las uñas de los pies y reparar en que, pobrecitas, qué poco las miro. Tiempo para hacerme tranquilísimamente un gran desayuno. Tiempo para aprender a cocinar un poco mejor. Tiempo para darme cuenta de que hacer las cosas que me gustan no es una cuestión de tiempo, sino de ganas, y que las ganas no son algo inherente a mi persona, así que tengo que ir recolectándolas, cargar la batería con antelación. Tiempo para hacer listas de películas que quiero ver y que sé que todavía pasará un largo tiempo hasta que las vea. Tiempo para pensar demasiado, y eso tiene sus peros. Tiempo para reparar en que son casi las 9 y mi madre aún no se ha levantado (pero qué bien vive esta mujer, ¿no?). Tiempo hasta para darme cuenta de que últimamente noto la ausencia de un cojín en el sofá.
Pero también pienso en cosas algo más trascendentales, por si alguien empezaba a preocuparse. Tengo tiempo para aprender a estar conmigo. Tiempo para aprender a valorar el trabajo duro, el esfuerzo. Todo ese camino de lucha y empeño que deja dentro de ti esa gran sensación de paz interior, de sentir que estás haciendo las cosas bien y que te mereces esa recompensa, ese bienestar, esa meta alcanzada. He descubierto lo mucho que echo de menos ese trabajo, porque no es fácil llevar toda la vida en una línea y de pronto verla algo lejillos de ti (aunque todo sea relativo y esa línea pueda estar contigo siempre; que sí, que muy bien). Lo mucho que echo de menos esforzarme por algo y dotar a mi cerebro de sentido. Nunca había entendido muy bien cuál era el camino aunque me muriera de ganas por recorrerlo. Y ahora lo veo, está ahí, jugando conmigo al despiste, al "ahora te dejo pasar, ahora no" y sólo puedo resignarme, y eso hago, y, de verdad, que no me importa. Que también he aprendido a tomarme las cosas con más calma y sé que el camino sigue ahí, con esa puerta entrecerrada, y que si no se abre hoy, ya la abriré yo dentro de unos meses.
Yo lo único que he sentido estos días ha sido un profundo odio y tedio hacia ese poco agraciado tiempo de pause. Y ahora, evidentemente, me doy cuenta de que este tiempo también ha dado sus frutos. Lo ganado, me lo guardo para mí; lo perdido puede perderse para siempre, porque estaba deseando desprenderme de ello.
Así pues, me parece que echarle la culpa de todo al sistema es tener un poco de cara por mi parte, y generosamente recojo mi parte de culpa. En fin, el tiempo pasa, sigue pasando, y al pause le quedan los días contadísimos. Ilusión, paciencia, esfuerzo: son las herramientas /frutos que me quedan para afrontar lo que quiera que venga.
Try harder
No hay droga más dura que la imaginación. ¿Cuántos momentos importantes dejas en sus manos? No consigues evitar inventar algunos días, algunos viernes, algunas tardes... Si no estás en el lugar donde te gustaría, te lo inventas. Te imaginas en cualquier otra parte con cualquier otra historia mejor que la presente. Todo se debe, siempre, a tus altísimas expectativas. Odio que me metas tanta prisa y que me pongas el listón tan alto, tan alto que no llegue para poder bajarlo. Cada uno se crea su propia realidad y se cree inmerso en ella. A ti no te gusta la realidad que me has creado y por eso huyes continuamente de ella, obligándome a huir a mí también.
Crees demasiado en la gente, le das demasiada responsabilidad, porque en mí hace ya tiempo que no crees, o muy seguramente nunca has creído. Les dejas siempre el escenario para ellos solos y tú te limitas a ser un pasivo espectador del público que, lejos de dormirse, se queda con las ganas de levantarse del asiento. Pero entiendo que no creas en mí... nunca he aprovechado ninguna de las oportunidades que me has dado. Y ahora aquí me hallo, tratando de convencerte, intentando ser mucho más convincente de lo que jamás he sido, rogándote una oportunidad más.
Pero lo cierto es que no sé qué decir o hacer para ganarme tu amistad. Quiero estar ahí por ti. Estoy harta de verte quieta, sintiéndote muerta, inútil, inmóvil, dispensable, incapaz de hacer nada de provecho. Y el verte tan petrificada me está matando a mí también poco a poco. Sé que tienes sueños, pues tus sueños son los míos, y sé que si no lucho yo por ti, nadie lo hará. Sé que es mi culpa, por verlo todo siempre como una lucha que no tengo posibilidad de ganar. Pero también sé que crees en los cambios, en el poder de superación de la gente... sólo que nunca lo has experimentado en ti misma. Tampoco nunca lo has intentado de verdad. Intentar. Odio ese verbo, ése que a ti te encanta. Te pasas el día "intentando" cosas. Intentar es la excusa de los perdedores, su premio de consolación: "al menos lo he intentado..." Eso está bien para los demás, pero para ti misma no. No me convenzas de que está bien rendirse a tiempo. No me convenzas de que ya lo he intentado. Sólo conseguirás que yo siga odiándote, como te odio, me odio, y no quiero seguir haciéndolo.
Hagamos un trato: cogeremos todas y cada una de las posibilidades. Nos apuntaremos a cada oferta. Venceremos al miedo y nos iremos a darnos una vuelta, solas, tú y yo, tú sola, yo sola. Dejará de haber una dualidad entre lo que quiero y lo que hago. Sentiremos la grandeza de vivir cada vez que tome aliento. Sé que sí. No puedo explicar por qué, sólo sé que sí.
También podríamos ser extraños.
No quiero que me pongan las habichuelas en el plato listas para comer: me las quiero buscar yo solita. Quiero aprender a hacerlo. No quiero influencias, quiero dejarle las cuerdas flojas a mi espíritu para que él, sin mucho trabajo, pueda desprenderse fácilmente de ellas y volar a la altura que le dé la gana. Quiero que todos mis días amanezcan despejados, y no tener nada cerca que me recuerde mi anterior "todo". O ser capaz de poder recordarlo con una sonrisa.
No más contradicciones: que mis decisiones dejen de tener una validez máxima de dos horas. Siento que me lo debo a mí misma. Siento no quererlo compartir; sé que en algún momento querré hacerlo. Pero quiero llegar a echar de menos. Descubrir que también de eso soy capaz.
La libertad es libertad en todas sus formas. Yo sólo entiendo de libertad de pensamiento pues, gracias a Dios, la otra también la conozco, y creo que la mayoría gozamos de ella. Valorarla está en nuestras manos. Quiero tener la osadía de atreverme a ser libre.
Mirrorball
Quiero que mis acciones y mis actos no estén guiados por otra cosa que no sean mis sentimientos; de lo contrario no los quiero, pues no aportan otra cosa que sentirme vacía. Un enorme vacío. Necesito que mis pasos tengan un sentido, un significado, porque admitámoslo también: de lo contrario no los disfruto. No soy capaz de sentirme agusto con ellos ni conmigo misma. He comprendido el peso de los principios que siempre había sustentado como emanación natural de mi mente; antes no los entendía, los sostenía porque me parecían correctos, pero no porque los quisiera realmente. Ahora son mi elección, y no quiero que sea de otra forma.
No somos muñecos hinchables de usar y tirar. No quiero serlo. He tenido un tiempo de pensar que dejarse llevar y vivir el momento lo eran todo, y cuando no lo hacía entraba en una profunda frustración conmigo misma. A lo hecho pecho, desde luego, y lo que haya aportado como experiencia ahí se queda. Pero no puedo evitar sentir que me la haya jugado a mí misma, porque no entendía realmente lo que quería, lo que necesitaba o lo que me exigía. Ya he cumplido mis exigencias, y no he estado a la altura, ¿y qué? Ahora sólo quiero estar a la altura de la persona que quiero ser y que, espero, no diste mucho de la que soy ahora mismo.
Hey boy, Hey girl
Hacer esto es inevitable, porque es algo puramente humano.
Encontrar unas líneas de expresión propias; he ahí el desafío. A menudo pienso que no me expreso correctamente, es decir, si pudiera expresar con palabras sólidas los aires y vendavales que corren con fuerza por mi cabeza, creo que alguien podría construirse una idea apropiada de mí. Siempre siento que cuando intento explicar cómo me siento con respecto a algo, acabo diciendo algo que se asemeja, pero distinto. Es como si intentara hablar de un libro pero acabara describiendo otro distinto, por semejanza, por ser demasiado denso para mí lo que encierra el primero.
Entenderse, y entendernos, a veces me resulta sumamente complicado, y sé que no debería ser así. Las personas caemos en la propia frustación de sentir que nadie puede entendernos o conocernos del todo y acabamos sintiéndonos, irremediablemente, bastante solas. Quieres darle a alguien la imagen más clara, nítida y pura posible de tu alma, pero sabes que como mucho lograras captar una imagen medio borrosa y sepia, en la que no se perciben bien todos los colores, en la que las sombras y los movimientos se disfrazan. Es más, la otra persona procura lo mismo, y la más conseguida interpretación que puedas lograr de su foto sabes muy bien que nunca será suficiente. ¿Se trata, entonces, de resignarse? ¿De conformarse? ¿O se trata sin embargo de una lucha insaciable por volver esa fotografía lo más limpia posible? Me gusta quedarme con esto último, pero me pregunto si es posible, pues en ello intervienen varios factores: no se trata sólo de las ganas que pongas en aclarar su foto, sino también de que esa persona sepa decirte dónde van los colores. ¿Acaso alguien puede decir que realmente se conozca a sí mismo?
Lo que se cuece
Perdida. Si así puede decirse. Confundida; eso lo define mejor. No encuentro la causa exacta, de hecho no sé si la hay, pero mi sentido común me dice que no achaque la culpa de todo a eso. A él.
Cada uno es como es, podría macharme hasta la saciedad reprochándome por ser como soy, por pasarme horas y horas dándole vueltas a las cosas sin llegar a ninguna conclusión, por sacar problemas de donde sólo hay quietud. Pero así es cómo mi mente trabaja, y yo no le impido hacer su trabajo; es más, me dejo llevar sin apenas ofrecer resistencia. Porque es cómodo, es lo habitual, lo que menos esfuerzo exige.
Estoy dejando que esas arduas llamas me abrasen; las he visto venir de lejos, y me he quedado quieta, muy quieta, inmóvil, congelada, permitiendo que me alcanzaran, pues mi objetivo último no era otro que dejar que derritieran el hielo, ese iceberg que me ha mantenido aislada herméticamente de todo sentimiento o dolor. Qué demonios, no sabía dónde me metía. Me he puesto a prueba sin darme cuenta: darme cuenta de si de verdad era o no tan fría. El resultado... derrota absoluta.
He vuelto al camino al que no quería volver, aunque el camino también ha variado un poco desde la última vez que me paseé por él. Ahora es menos asfixiante, creo que me invita a sentarme para disfrutar de las vistas: quiere que me aficione a él, ahora me trata bien para que no me marche. Intenta enseñarme que hay muchas formas de llevar esto, de no dejar que me ahogue por completo, y eso estoy intentado aprender. Quiero sobrellevarlo, examinarlo por completo para decidir con claridad qué es exactamente.
Ha sido como volver a saborear el vodka, esperando encontrarme con una resaca de mil pares de narices al día siguiente, y sin embargo levantarme con el estómago medianamente bien. Sí, esto es distinto.
Sea como sea hace de escudo, de tapadera, no me deja ver que hay detrás. No sé dónde me he quedado yo: ¿pero quién es ese yo? ¿lo conozco acaso? ¿qué puedo decir acerca de él? Que tiene ambiciones, sueños, cierta independencia, frialdad, un realismo dulzón, una fuerza y oposición a venirse abajo inquebrantables. Bueno, no tan inquebrantables.
Nothing really bothers her;
she just wants to love herself.
Y así me paso el día entero, estoy mejor que bien.
Es sólo que me cuesta creer que los seres humanos tengamos tanto poder transformador en nuestro interior, pero el hecho de que haya gente que lo consiga sacar significa que ahí está, dentro de todos. Porque no creo que sea algo reservado tan sólo a unos pocos; simplemente, por las circunstancias que sean, algunos consiguen potenciarlo y otros ni se enteran de que eso exista.
Más de una vez he escuchado que todo está en el coco, en cómo decidas usarlo. Entonces, irremediablemente, llego a la conclusión de que debe ser que aún no he aprendido a usarlo bien, para qué engañarnos. Es como si una parte de mí me dictase a gritos la teoría, pero otra parte me arrastrara a la confusión de quien tiene un cubo de rubik y no sabe cómo resolverlo. Ahí está el material, pero no tengo la certeza plena de cómo utilizarlo.
Lo frustrante de los sueños es, sin duda, cuando crees haber luchado por ellos y te ves tirado en el suelo sufriendo una derrota. Sé que es difícil que algo salga bien a la primera, pero no soy precisamente un ejemplo de superación y coraje, sino más bien de cobardía y debilidad, pues rendirse a la primera deja bastante que desear. Hay que levantarse, y dicen que ahí está el mérito pero... qué abstracto todo. En seguida embarga la necesidad de replanteárselo todo: ¿y si no valgo para esto? ¿y si ése era el máximo que puedo alcanzar y visto lo visto no es suficiente? ¿y si...? Te cuestionas seriamente que, si creías que habías estado usando el coco, intentando desarrollar ese poder transformador para conseguir una meta, entonces, ¿eso es todo? ¿no das para más?
Tonterías, supongo. Sólo se me viene una frase a la cabeza, que es la que debería prevalecer sobre todo esto: no esperes conseguir experiencia sin errores. Pero qué fácil es decirlo.
One day I'll fly away
Se trata de una estabilidad aparente, una fingida tranquilidad. Un silencio a gritos, una calma que esconde una pelea de murmullos.
No sé desde cuando, pero parece que por fin estoy empezando a disfrutar de las cosas. Nunca pensé que fuese capaz, pero siento que me estoy dejando llevar por el momento y me posee esa necesidad de aprovecharlo hasta el último segundo. ¿Dónde están todas esas tardes perras y esas mañanas durmiendo y durmiendo por no tener nada mejor que hacer? Dios mío, ahora me falta tiempo para todo.
Me siento libre, y me siento como si fuera la única persona capaz de poder usar esta palabra para describirse a sí misma. Me asusta lo independiente que me he vuelto, y la estabilidad y cordura con la que reacciono ante las cosas. Todo es contradictorio, pero todo parece encajar tan fácilmente...
Todo sigue su curso natural, no hace falta forzarlo a nada, ni estar pendiente de ello; no hay más que hacer la prueba, puedes tirarte un día entero encerrado en tu casa que mañana todo seguirá igual que siempre, el mundo no se inmutará, no se percatará de tu ausencia. Al día siguiente puedes, como siempre, mezclarte con el gentío, ser uno más y disfrutar con ello. De modo que, dejarse llevar e improvisar si no se sabe cómo afrontar las cosas, o si se está hasta al cuello, me parece la opción más acertada.
Me pregunto si soy yo también ave de paso, si nadie espera que un día de pronto yo desaparezca y me lance al mundo a empaparme de todo lo que sus gentes puedan enseñarme, a que dejen en mí su huella. ¿Dejaré yo la mía en algún sitio? Me gusta pensar que nadie puede realmente llegar a conocerte. ¿Qué pasa por la cabeza de alguien cuando está callado pensando? Muchas veces respondemos nada por inercia, cuando somos nosotros ese alguien sorprendido por algún amigo observador. Mentira. Nunca se piensa en nada. Me encanta el español y su posibilidad de negar dos veces en una misma frase. Nuestra libertad está aquí dentro, en nuestro coco. Por eso no pueden quitárnosla. Por eso nunca llegarán a conocerte bien.
No termino de comprenderlo, si quiero ser sincera, admito que no sé ni yo lo que se está cociendo en mi cabeza. Independencia, libertad e inhibición; yo diría que algo de eso.
Quién teme al lobo feroz...
Hace falta conocer lo malo para apreciar lo bueno, ¿no? Hace poco aprendí que sólo ama el que lo necesita; sólo quien no ha sido querido o ha "sufrido" la soledad es capaz de querer con todas las letras, de apreciar de verdad el amor. Amor. Qué gran palabra y qué grandes errores de concepto te encuentras por ahí sueltos.
¿Por qué tanto miedo a la soledad? Siempre la he visto como algo normal, necesario, esencial para aprender a vivir contigo mismo; pero veo continuamente ejemplos a mi alrededor de cómo la gente no entiende lo mucho que se puede aprender de ella. Mejor dicho, lo mucho que te deja aprender de ti mismo. Es bueno tener tiempo para uno mismo, para pensar, reflexionar, madurar ideas. Darse cuenta de que no cualquier comportamiento es válido y que hay que andar con al menos un pie sobre el suelo, aunque sea de puntillas y a la pata coja.
El problema es que ningún extremo es bueno, y que demasiado tiempo a solas puede volver loco a cualquiera. Demasiado tiempo no son cuatro meses, ni tan siquiera un año.
Así que tomad medicina, curaos de la soledad-fobia o como queráis llamarla. Menos "amar" (aquí amar sería equivalente a utilizar) por egoísmo y más empatía, más reflexión sobre las cosas 8-)
Me he quedado agusto.
U can switch it off and on, u were here but now u're gone
No somos supermanes, tampoco es que podamos abarcarlo todo, pero creernos los reyes del mundo, ¿por qué no? hasta el momento nadie puede demostrar lo contrario.
Siento que hay demasiadas cosas que se nos escapan, que no podemos explicar de ninguna forma, pero sí intuir, como se intuye que alguien está triste sólo con mirarle a los ojos. El único límite real que podemos encontrar es la muerte, pero resulta muy extraño pararse a pensar en ella, pues parece quedar tan lejos... de modo que mejor ni nombrarla.
Hasta entonces, tenemos mucho tiempo, el necesario, para poder absorber todo lo que nos rodea con la máxima eficacia que podamos alcanzar. Hay tantas cosas por conocer que jamás sabremos, tantos libros que no leeremos, tantas ideas que quedaron plasmadas por algún genio al que nunca se llegó a reconocer... y todo está ahí, escondido en el lugar exacto para que podamos encontrarlo.
Yo quiero aprender, abrir mi mente, leer a todos los clásicos y al mismo tiempo conocer todo lo moderno; saber lo que ocurre a mi alrededor y disfrutar de las mejores historias y la mejor música creada. Aprender de otras personas.
En definitiva, quiero un método de enseñanza y educación que no es éste, quiero no tener que elegir qué estudiar como si una persona con dieciocho años tuviera claro que quiere centrarse en una pequeña rama del conocimiento más que en otras. Jamás entenderé nada de cómo funciona esto. ¿De verdad estamos listos para limitarnos ya, tan pronto? Entiendo que en algún momento hay que tomar decisiones, que hay que hacer algo, buscarse un futuro y que todo lo que yo digo suena utópico y sería, en la práctica, imposible. Pero bueno, he ahí mis sueños; no parar nunca de conocer, pues creo que se es aprendiz durante toda la vida y nunca se sabe lo suficiente sobre algo.
elsewhere... or right here
Hoy quiero hablar de mí, sí, sólo de mí. Prometo no esconderme bajo malas metáforas de regalices o de folios en blanco. Necesito que las letras sean mi piel y que no se dejen nada por sacar a la luz, a la pantalla. Limpiar toda la porquería que me corroe, que me está asfixiando. Necesito ser yo, sólo yo y nada más que yo. No jugar a ser una pareja feliz o el artista del siglo irreconocido. Quiero ser sincera, no todo va tan bien, ni todo va tan mal.
A menudo soportar la carga de mis secretos se me hace llevadero, no me cuesta, porque siento que es parte de mi forma de ser, y que jamás me los quitaré de encima. Hay tantas cosas que hasta el mejor de mis amigos desconoce de mí que a veces me asusto. No sé si soy del todo honesta. La verdad es que son cosas que me han condicionado y me condicionan parcialmente en mi día a día. Pero forman parte del pasado, un pasado que no me pertenece a mí, así que, ¿por qué compartirlo?
No sé si finjo ser fuerte o de verdad lo soy. Mírame, casi nunca me derrumbo; por no decir nunca. Siempre estoy estable, no digo que sea la persona más feliz y positiva del mundo, no, lo primero no, pero lo segundo, ¿por qué no? Admito que no me dejo vencer fácilmente. No sé de dónde ha salido todo el caparazón que me rodea, que me da esa indiferencia, que me hace tan fría, cuando antes nunca lo había sido.
Siento que he cambiado tanto que nadie se da cuenta. Es como si todo lo que rodea a mi persona resultara siempre lo mismo. Siempre hay calma. Yo la agradezco, y por irreal que parezca, no sé si estoy mintiendo. No sé si ésta soy yo, si de verdad no sufro o es que tengo una especie de agujero por el que se cuela toda la mierda cada vez que quiero.
Hay días, como hoy, que me siento una extraña vagando por un cuerpo... me siento completamente despegada de él, como si me impidiera hacer todas las cosas que sueño hacer algún día, como si yo pudiera hacer algo grande...
Me preguntan si soy feliz, y me pregunto si algún día de verdad podré llegar a serlo, porque yo creo en la felicidad, sé que está escondida en algún lugar de mi alma y espera el momento propicio para salir sin hacer ruido. Pero, ¿y si depende del amor? ¿y si éste decide no llegarme nunca? Esos son mis miedos, no los más grandes, pero son unos importantes... Yo, que me siento independiente y me gusta serlo, que no me imagino pendiente de alguien, sujeta a rayarme, a recortar el poco tiempo que este curso de mierda me deja para mis amigos... Me pregunto si de verdad quiero eso. Veo a las parejas enamoradas y todo parece fácil, pero sólo al principio. Y yo, que soy estable, creo que para eso no lo soy en absoluto...
Dios mío, ¿y si hay algo que va mal en mí? Siendo sincera, ni siento, ni me dejo sentir... Quizá no estoy hecha para que me llegue el amor, simple y llanamente.
Joder, pero ¿por qué tengo siempre que acabar pensando en esto? Odio remitir todo al mismo tema de siempre.
Estoy sola, y soy feliz gran parte del tiempo. Quizá es la imposibilidad de que algo así sea posible lo que hace que desconfíe... pero mis secretos ya viven en simbiosis con mi alma, no le hacen ya demasiado daño... y quiero pensar que estoy subiendo a toda prisa, corriendo, y de tres en tres, los escalones que me conducirán a alguna otra parte, a alguna mejor, a la que pertenezco. Porque no es que sienta que no pertenezco a ésta, pero siento que esto es sólo el principio... me muero de ganas por ver el final. Experimento grandes ansias. Me cuesta estar sentada mientras escribo esto. Los dedos van a salírseme de la mano, mis rodillas pelean por dejar tiradas a mis piernas; y mis labios permanecen fruñidos con fuerza, total, no son de nadie.
No puedo ponerme a criticar algo que muy probablemente yo también hago, pero asco de la sociedad de arquetipos de mujeres 10 que hay hoy día. Delgadez extrema. Cuerpazo de impacto. No es que eso sea todo, pero es lo primero que atrae... Y no voy a ser hipócrita, a mí también me pasa, pero lucho contra ello, quiero acabar con ello.
Escribo parrafadas que no sé ni a qué vienen, pero me siento como hace tiempo no me he sentido. Deben ser las circunstancias; las viejas amigas que reaparecen y te tocan la patata... Hoy siento tantas cosas que le hacen bien a mi alma, y que al mismo tiempo la entristecen... Hoy alguna especie de espíritu se apodera de mí y de mis manos; si no, dudo mucho que escribiera aquí algo de esto.
