Que no me da la gana pasar media vida buscando esa frase que tal vez ni exista - Extremoduro.
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Refritos o nuevas perspectivas

jueves, 9 de junio de 2011 by Chio Eme
Qué busco en la vida, qué pretendo extraer de ella. Necesito una prueba, cognitivamente tangente, de que la llamamos 'vida humana' porque de verdad es común a toda la especie humana, a toda persona andante.
Deben de existir unos lazos, finos, delicados, que nos conectan a todos, a unos con otros; en mayor o menor grado, sí, pero conectados al fin y al cabo. Y la lucha, mi lucha o mi pesar, radica en nuestra habilidad para no ser conscientes de ello, para jugar a olvidarnos de que existen. Porque existen, o quizá lo que existe es mi fe en ellos, mi fe en que todo ser humano posee un enorme océano dentro y, al mismo tiempo, una criatura que lo gobierna y otra que agita sus olas. Y esa criatura es la persona misma, y, si la persona quisiera, podría vivir dentro de él, podría dedicarse a conocer su océano y sus criaturas.
Pero no podemos comportarnos como entes aislados; los océanos de nuestro mundo no son independientes, no constituyen elementos delimitados, sino que se comunican entre ellos, formando un solo elemento que denominamos Tierra. Llamémosla especie humana. ¿Quién no desearía conocer los estrechos, mares y canales palpables que podrían conducirnos fuera de la soledad, fuera de nuestro existencialismo, fuera de nuestro egocentrismo y falta de empatía? Hablo de verlos claros, poder cruzarlos y entrar en una más abierta comunión con las personas.
Creo que la vida se alimenta de personas, que las personas somos los océanos de la vida, y por ello, asimismo, nos alimentamos los unos de los otros. Todos necesitamos humanidad, calor humano, sentirnos comprendidos, admirar a alguien o a mucha gente, luchar por mejorar... y todo ello carece de sentido si lo sacamos del contexto humano, si intentamos lograr alguna de esas cosas de manera individual absoluta. No es concebible porque no es posible, o no quizá no es posible porque no es concebible. El caso es que, queramos o no, necesitamos alimentarnos, y lo que es más importante: algunos queremos. El problema surge cuando no sabemos cómo hacerlo, cuando aún queriendo, nos sentimos incapaces de lograrlo. Por ello la conciencia, despierta y poderosa, debería iluminarnos como una potente luz, debería ilustrar el camino perdido que nos conduce a los demás, al resto de mares.
Es triste no encontrar esa luz, no hallar el botón que la encienda. Y siempre ayudan las ansias por individualizarnos, por adquirir independencia, por la absurda ambición de destacar por encima de otros. No hay un océano igual a otro, ni en tamaño, densidad, ni tan siquiera en criaturas. Ser conscientes de que esas conexiones a veces nos conducen a lugares o maneras de ser desconocidas es tener la mitad del camino recorrido; la otra mitad es aceptar nuestras diferencias, y no frustrarnos por las deficiencias que nos observemos al compararnos, ni relajarnos al descubrirnos ventajas que desconocíamos, pues el hombre es muy capaz de recorrer un mismo camino una y mil veces... y, lo curioso es que, paradójicamente, cada recorrido nos enseña cosas nuevas, cosas en las que antes no habíamos logrado reparar... Cada lectura de un mismo texto aporta conocimiento nuevo, cada nueva interacción con una misma persona aporta un nuevo mundo.
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Por mucho que la fatalista se vista de seda...

jueves, 7 de abril de 2011 by Chio Eme
Bondad. ¿Nos hemos olvidado, acaso, de lo importante que era ser buenos? Pienso en mi infancia, y es como si la única frase que me viniera a la cabeza fuera siempre la misma: tienes que ser buena. Cuando estamos creciendo intentan inculcarnos los mejores valores posibles, y parece que detrás de cada historia se escondiera siempre la misma amable moraleja. Una vez que hemos crecido, la magia que encierra ese principio se pierde, es más, lo despojamos voluntaria y conscientemente de ella. Ya nadie se acuerda de que hay que ser bueno, de que hay que compartir, o de la importancia y el poder que tenía por aquel entonces el recursivo "lo siento". Quizá sea que con el tiempo nos cuesta más perdonar, o tal vez nos cuesta más sentirnos merecedores del perdón que nos otorgan, porque ahora, cuando la pifiamos, parece que tomamos nuestros actos y sus consecuencias bastante más en serio. 
¿Cuál es el principal pensamiento que me acecha cada día desde que me levanto hasta que me acuesto? "Haz algo que merezca la pena con tu vida". Supongo que eso es algo bastante subjetivo, bastante ambiguo, y que si uno tiene el nivel de exigencia consigo mismo demasiado alto, nunca logrará sentir que su propósito se ha realizado. Quizá a mí me pase un poco eso, pero desde luego tampoco me esfuerzo demasiado por llevarlo a cabo. 
Me parece imposible pasar por alto este dolor en el estómago, este nudo en la garganta que no me deja digerir alegremente la comida, esta sensación de malestar que me acompaña y asusta enormemente cada vez que me doy cuenta de la magnitud del gran cambio de tornas. ¿Pero será posible que conforme el ser humano crezca se vuelva cada vez más egoísta? En realidad me disculpo, por eso de meter al ser humano y a mí en un mismo saco; supongo que mal de muchos, consuelo de tontos y que se cree el ladrón que todos son de su condición...
Mi propósito principal en mi día a día (ahora sí, en singular) ha evolucionado de "intentar ser buena" a "intentar hacer algo que merezca la pena con mi vida". Y me abruma ver dos inmensos errores incrustados en esa sola frase. Primero, "intentar", verbo maldito, sí, pero también inevitable y principio de toda acción. Segundo... curioso cariz ha tomado el asunto. El principal objetivo que se persigue cuando uno intenta "ser bueno" no es otro que ser mejor persona con los demás, esto es, lo que prevalece son los demás, la voluntad de querer darles lo mejor y de darles la mejor versión de ti mismo por si eso les ayudara. No querer hacerles sufrir, ayudarles, pero sobre todo hacerles felices. Creo que, de este modo, podría decirse que lo que uno busca es hacer sentir mejor a los demás; ojo, esto no quiere decir "contentar a los demás" ni "quedar bien con todo el mundo", seamos un poco más humanos y mejor pensados, porque aunque nos cueste creerlo hubo una época de nuestra vida, de extensión variable y personal, en la que nos enseñaban eso, y como buenas esponjas que éramos como cualquier niño, nos inundábamos de esa magia. Me cuesta encontrar ahora mismo mayor magia que esa; la ternura de los niños, su comprensividad, la mirada limpia y sin prejuicios, la receptibilidad. 
El caso es, que cuando uno intenta "hacer algo que merezca la pena con su vida" en realidad lo que busca es sentirse realizado, esto es, sentirse mejor consigo mismo. El objetivo ahora es interno, no externo. Por supuesto que dentro de ese hacer algo que merezca la pena entrarán los demás, tampoco me tengo en tan poca estima... pero no puedo negar que el fin último, el que supongo que tantos perseguimos, no es otro que lograr ser felices, tener ganas de vivir, encontrar nuestro sitio, en fin... creo que todo se remite a nosotros. Nos preocupamos por los demás, de hecho estoy segura de que nos importan más que nosotros mismos... pero ese cambio de chip, el simple hecho de que ya no nos eduquen en clase con un "sed buenos" sino con un "leed el artículo tal, que está en el capítulo cual, que es muy importante porque no sé qué señor importante dijo que era importante..." hace que vaguemos sin querer e involuntariamente hacia esa ola de egocentrismo, de vivir encerrados en nuestro yo, de mantener esos largos diálogos con nosotros mismos como si en una de ésas esperásemos encontrar la respuesta a lo que nos falta.
En fin, sí...que todos queremos crecer y que nos quieran, y hacer algo importante, y dejar nuestra huella, y que quieran conocernos... Es bueno ser importante, pero es importante ser bueno.
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We can fly; come on, let's try.

miércoles, 2 de febrero de 2011 by Chio Eme
¿Nuestras elecciones definen nuestra identidad?
"If you can choose your identity, cause I tried today, and now I feel kind of less like me and I mean I’m not exactly over the moon about being me in the first place. But now, I think I kind of like it less when I’m trying not to be me. Cause I just wanna like... just be." - Franky F. 
Sí que nos portamos como bacterias, sí que respondemos ante los estímulos y nos movemos desesperadamente en busca de ellos. Quizá no en la práctica total, quizá en esa sumatoria tengan algo más que ver nuestras elecciones pero, en lo que se refiere al corto plazo (lo que a fin de cuentas constituye el día a día y la vida en sí) uno se esfuerza por vivir, ¿no? Por fluir. Por intentar hacer las cosas bien, pero intentando vivir y disfrutar el momento. ¿Y no consiste eso en simplemente ser, sin pensar en cómo es eso de ser, o qué se es? 
Hay algo que se escapa a todo esto, y es que tomamos decisiones, de vez en cuando. Algunas de manera mecánica, otras requieren un esfuerzo cognitivo considerable. Pero, sea cada cual sincero consigo mismo ¿uno se pasa todo el día tomando decisiones sobre cada acción que lleva a cabo? ¿Decides ir a clase o simplemente vas? ¿Decides comer o simplemente comes? Dios, sería agobiante tener que replantearse metafísicamente cada pequeña acción. De modo que parece razonable decir que, en cierto modo, ¡menos mal!, fluimos. Aunque sea por inercia, o sea, rutina. 
Pero, hay que añadir algo. Se supone que todos, o muchos, tenemos nuestro gran sueño o nuestros pequeños sueños. Ambiciones. La gran piedra madre en torno a la cual todas las piedrecitas de nuestro camino miran. Y entonces parece que esa gran piedra es la que decide la dirección del flujo de tu inercia, o sea, rutina. Y a veces eso reconforta, en las malas rachas, cuando uno se pone trascendental y no entiende qué se dedica a hacer con su tiempo ni por qué lo hace. Otras veces anima soñar e imaginar que llegamos por fin a alcanzar ese gran pedrusco. O quizá, simplemente, nos acostumbramos a que ese pedrusco esté ahí. ¿Pero no pasa también que nuestros sueños cambian? ¿Es obligatorio, acaso, soñar con algo? Seguro que no, no todo el mundo funciona igual, es genial que ocurra también que uno no se agobie ni desespere observando lo lejos de su alcance que está su piedra. Puede haber muchas de ellas, más próximas y realistas, y que la sumatoria de todas ellas dé una sensación tanto o más genial que la del pedrusco grande.
A veces me agobia contemplar ese flujo de inercia ajena, porque me hace recordar que yo también debo desprender uno semejante, y espero que no sea ésa toda la huella que vayamos a dejar por el mundo. Y precisamente porque tenemos tiempo, porque ni siquiera tenemos por qué alcanzar ninguna gran piedra, hay que relajarse. Sé que hay ciertas piedras que parecen fundamentales porque da la sensación de que sin ellas el engranaje no se mueve y la máquina no avanza, ¡pero no es verdad! No existe tal engranaje: no tienes que creer que eres un completo infeliz porque te falte la codiciada piedra que rota de tiempo en tiempo en la vida de todos y cuyas imitaciones están tan sobrevaloradas. Si tan sólo nos limitáramos a ser, y no a pretender ser algo... 
Puedes no tener ningún gran proyecto en mente y sentirte más completo que nunca, o más vivo, más ser. Puede que toda tu ambición sea soltar en una carcajada todo el aire y después respirar. Puede que no tengas ganas de dar explicaciones ni el por qué de tus acciones, porque aunque siempre inevitablemente las premedites un poco, pueden ser incoherentes, o no tener sentido. No quiero ser yo misma, ni siquiera sé lo que significa eso. No quiero ni puedo dar explicaciones, porque no las hay. Así que no las pidáis, no las déis.
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El espejo de Oesed

miércoles, 29 de diciembre de 2010 by Chio Eme
El mundo es mundo, nos guste o no; no va a cambiar de sitio, ni a desaparecer de un instante a otro. Tampoco va a mutar repentinamente, aunque sí, como ha venido haciendo desde sus orígenes, lo hará a la larga. Y esto es lo que hay, y lo juzgas sin haberte recorrido cada una de sus millones de esquinas, que no las cuatro que tan repetidas tienes. Y sueñas con otro mundo que, en realidad, no es muy distinto del que te rodea. No es ése tu mundo, sino éste. El que palpas, el que respiras cada mañana con dificultad, pues tus sábanas son expertas en cortarte el aire y sumergirte en esa peligrosa atmósfera que te has creado y de la que te cuesta salir. Algunos no lo entienden; pero a los rincones de tu atmósfera les falta magia. Y cuando un caracol vive tanto tiempo dentro de su concha, cree que no hay más mundo que ése. Del mismo modo, crees que también el mundo externo, el que no quieres, carece de magia. 
No se trata de magia en el sentido más estricto de la palabra, de la irreal y de película. Se trata de la magia más puramente infantil e inocente. De la de los niños, que tan bien han aprendido a hacer convivir su mundo interno con el real. Que viven tanto en un mundo como en otro, que no aborrecen ninguno de los dos, que ni siquiera son conscientes de que puedan existir estos dos mundos, si es que así es. Los niños, que, por encima de todo, creen. Creen que todo es posible, tienen especial intuición para poder palpar con algún sexto sentido la parte especial o mágica de la vida; la que dota a los cuerpos de movimiento. Supongo que algunos somos juguetes que hace tiempo que no son usados, que no nos toca o roza la magia que los niños dan a sus muñecos para que estos puedan jugar con ellos. 
Y me pregunto si se podrá recuperar esa magia de la que tan deliberadamente nos hemos desentendido; como si no la necesitásemos, como si fueran cosas de críos, como si no lo fuéramos ya nosotros... Y me pregunto dónde estará, si en nuestro mundo, del que la hemos desterrado, o en el interno. Hay sabiduría en los niños y en sus cosas: dejémonos enseñar, aprendamos esa simbiosis que concilia y pone en comunión nuestros dos mundos y los vuelve uno sólo, tocado y ligeramente impregnado de cierta magia.

—Nos muestra lo que queremos... lo que sea que queramos...
—Sí y no —dijo con calma Dumbledore—. Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos. Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.
Continuó:
—El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado. No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo. Ahora ¿por qué no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?
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De minuto en segundo y de segundo en suspiro.

domingo, 28 de noviembre de 2010 by Chio Eme
Pero lo siento igual, aquí, como si siguiese ardiéndome en el pecho. Como si la sangre le llegase a borbotones y lo irrigara hasta tal punto que se sintiese ebrio, borracho de oxígeno y de energía. Como si vida no le faltase, sino sobrase; como si ésta trasvasase sus finos y numerosos capilares, de uno a otro, de este otro a otro más lejano, sintiéndose desubicada, marginada, sin un sitio donde quedarse. Y sé que sigue ahí, me grita, me ensordece, me da más de lo que yo puedo procesar. Porque proceso, o quiero procesar, las cosas a corto plazo, desde hace poco. De pronto no soy capaz de ver más allá de esta noche, o de mañana. No puedo planear, ni aunque lo intente; es como si el cable que conectase esas órdenes con mi imaginación se hubiese roto. Supongo que es algo que ocurre cuando has pasado una temporada en la morada de la incertidumbre, de la nada, del profundo desconocimiento del terreno que pisas o pisarás. Porque hay cosas que no tiene sentido tratar de explicárnoslas a nosotros mismos; sólo pueden verse, sentirse, una vez que están en frente de nuestros sentidos. ¿Cómo le explicarías a un ciego el color azul? Del mismo modo, ¿cómo vas a pensar ahora en lo que tendrás o serás dentro de diez años si por saber ni siquiera sabes lo que vas a comer mañana? Lo encuentro absurdo, innecesario e inútil.
La vida no tiene ningún secreto. La meta de la vida, si es que existe, es simplemente estar siempre buscando las tentaciones. No hay muchas. Amén.
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Serve the servants

martes, 9 de noviembre de 2010 by Chio Eme
Coge tu analgésico, deja que la anestesia entre en tu cuerpo y deja que sean otros los que hoy interpreten por ti el mundo. Y que esas palabras te rocen y produzcan ese escalofrío. Sigo preguntándome cómo pudo existir alguien con tanto misterio, con tanta alma y sin ser apenas capaz de verlo, o más bien, de creerlo. Últimamente conozco pocas cosas que me hagan pensar: "cielos, esto es arte", y cada nota que salía de su boca o su guitarra me lo parece. Como si yo me hubiese aprendido todo aquello con algún sentido o meta concreta, y en el camino hubiese encontrado la meta en sí, o me hubiese dado una imagen más clara de los instintos, de mí misma, de mi espíritu. Como quien calla, cansado, frustrado, y espera escuchar la respuesta de boca de otros y todo lo que escucha es un murmullo, el suyo propio.
Puedes pasar momentos increíbles con personas alucinantes que dejen huellas enormes en tu vida, y que te contagien toda su fascinación por el mundo y las personas. Pero sabes que las sensaciones, como los recuerdos, se desgastan, y al final te queda un sabor borroso, intuido, y medio inventado, y vuelves a las mismas: el lío tienes que desenredarlo tú solo, cada uno tiene que intentarlo por su cuenta; porque es cierto que todos los caminos conduzcan a Roma, pero precisamente el sentido de esa afirmación radica en lo distintos que puedan ser unos caminos de otros.
Y dejas de escuchar, y de repente necesitas darle tu propia explicación a lo que acontece y a lo que no, a lo que se esconde dentro de cada uno y varía según la luz que lo ilumine. Y piensas, de nuevo, al escucharlo: "él probablemente lo hizo, y creo que no se dio cuenta, o quizá sí, y por eso se fue tan pronto, habiendo acabado su cometido". Creo que todos vamos a parar a Roma, sí, pero es difícil darse cuenta. Pero para qué explicar lo que otras manos ya han explicado mucho mejor antes que yo: "Todos estamos en el pozo, pero algunos de nosotros estamos mirando a las estrellas"... creo que por fin entiendo esa cita. Y hoy miro el pozo, tan gris y húmedo como tiende a amanecer últimamente, y sé que esto es lo que hay. Que hay un orden, en su desorden, que ninguna de nuestras luces puede alcanzar, aunque sí, algunas privilegiadas, puedan intuir. Y que basta con alzar la vista, hacia esas estrellas, para tomar conciencia de nuestra existencia, y también de la de ellas; es más, para dotarlas de ella. Y es nuestro intento, de comprenderlas, lo único que debería constar en acta. Y no la conclusión a la que lleguemos, que será, segura e inevitablemente, inútil en la medida en que es partidista.
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Anyone else but you

miércoles, 8 de septiembre de 2010 by Chio Eme
Hoy he vivido una de esas pocas ocasiones en las que, intentando escribir algo, esto es, sacar algo de mí a través de estas teclas, ha sonado una canción que expresaba mejor de lo que yo nunca podré todos los sentimientos y las sensaciones que estaban inundando mi cabeza. Y lo hacía no sólo a través de sus palabras, bien escogidas y ordenadas todas ellas, si no también a través de cada acorde, de cada nota y de cada cadencia musical. Me gusta mucho la música, pero no tanto como puede fascinarme escribir... siempre he pensado que no hay nada que pueda escaparse a las palabras a la hora de describir algo o de transmitirte una sensación; pero hoy casi diría que entonces siempre he debido de estar equivocada. 
Sin duda cada arte es distinto, es un mundo, todos ellos respetables. Y lo que a mí me transmite un libro o, también, una buena película, a otro puede transmitírselo una canción, un cuadro o una escultura. 
Me gusta pensar que lo que aquí uno escribe es un pequeño reflejo de su alma. O, dicho con otras palabras, que cada vez que escribimos algo dejamos plasmado un trocito de nosotros mismos. Se trata de conectar. De sacar algo de ti para regalárselo a alguien a quien le llegue lo que ha leído. Lo veo un continuo dar y recibir: uno de los pocos equilibrios perfectos que conozco. El que da se siente saciado y satisfecho con el mismo acto de hacerlo, y al que recibe le embarga una sensación de conexión y entendimiento que le hacen sentirse protagonista de la historia que acaba de vivir a través del que escribe. Para mí es un gran avance: es tener en continuo funcionamiento nuestra empatía.
Siempre he pensado que sólo la empatía puede mejorar el mundo, que es la llave hacia la paz con un mismo y con los demás. La empatía es la pieza fundamental que completa todos los puzzles. Ojalá la vendieran en sobrecillos, como el azúcar, para desayunarla cada mañana disuelta en el té o en el café. Estoy segura de que nos daría un subidón de energía mayor que el de la glucosa.
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No sé hacer fuego

jueves, 26 de agosto de 2010 by Chio Eme
No entiendo en qué medida o para qué nos necesitamos los seres humanos los unos a los otros. Pero sí entiendo una cosa: la necesidad nos corroe y nos guía. Cuesta mucho distinguir lo que uno necesita de lo que uno quiere, si es que realmente existe esa diferencia. Sin embargo muchas veces la necesidad no es suficiente si no se acompaña de corage, valentía o atrevimiento. Uno puede quedarse acurrucado, hecho un ovillo en un rincón compadeciéndose de lo mucho que necesita hacer o poseer ciertas cosas o cualidades, sintiendo cómo le embarga una incapacidad e inmovilidad asfixiantes, hasta tal punto que sus necesidades pasan a convertirse en imposibles y marcha a buscarse unas nuevas, supuestamente más asequibles.
Cuando te quitas una espina, dejas sitio para que entre otra. Cuando dejas un vicio o mal hábito, tienes sitio para adoptar otro. También puede suceder que no logres quitarte una espina, y entonces se te vayan acumulando en un mismo hueco, y también puede pasar que piyes tantos vicios que acaben pasándote una enorme factura, por no saber tomarlos en su justa medida, sin ningún tipo de control. Pero no busques algún control en las espinas: son malas, sí o sí, hacen daño en cualquier medida y no nos causan ningún bien excepto cuando nos proporcionan esa agradable sensación de alivio al quitárnoslas, llegando a la catarsis.
Hace tiempo que he perdido el hilo de todo esto, del necesitar no cosas, sino a otros seres humanos. Creo que cuando quieres a alguien inevitablemente lo necesitas, y en ese momento se pasa a estar unidos como por un finísimo lazo que hace que cada movimiento que uno haga provoque una sacudida en el otro, es decir, que al actúar tengas que tener muy presente que tu siguiente acción repercutirá en el otro. Pasas de ser o de pensar por uno, a ser o a pensar por dos. Pero, ¿y qué pasa cuando no necesitas a alguien? Entonces pierdo el rumbo al que todos estamos destinados haciendo varias paradas en lugares que no entraban en el plan.
No entiendo el dar sin sentir, y sin embargo creo en el sentir sin el dar. Muchas veces nos dedicamos al total ejercicio de lo primero, pero, ¿qué te queda luego al abrir las manos? Lo mismo de antes, pues es un dar momentáneo, espontáneo, pasajero. Puedes dar, dar y dar, y no notar cambio alguno en tu ser. Ni inmutarte. Y a eso, lamentablemente, no puedo evitar catalogarlo de ser un poco frío, aunque venga precedido de un acto puramente pasional y cálido.
No lo sé, últimamente no logro entender nada, sino intuirlo casi todo. Y así me quedo en ascuas, en cueros y confusa. A medias. Seguramente más a medias que tú.
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Are we human or are we dancers?

lunes, 26 de julio de 2010 by Chio Eme
No entiendo cómo un día puede gustarte el calor y, después de pasar unos días preguntándote si eres más bien fría, pasar de repente a gustarte el frío. Muchas veces creo que basta con que me plantee algo para, pasado un tiempo, acabar creyendo en ello. Creo que la cuestión radica en la curiosidad que provoca lo desconocido. O en la empatía, quién sabe.
Vives pensando que no eres una persona depresiva, sino más bien estable, calmada y flexible. Y por eso mismo, de buenas a primeras, te encuentras dos días encerrada en tu casa intentando juntas fuerzas para salir a la calle... ¿y por qué? Ni siquiera sabes el motivo por el que estás por los suelos, y acabas remitiendo todo tu odio a ti mismo. Desde luego el estado de ánimo es como un ciclo, o mejor dicho, como una cadena, un círculo, la pescadilla que se muerde la cola. Un día te levantas con el buen pie, y se te nubla el juicio y olvidas que tu buen humor es pasajero, que no todos los días te resultarán tan fáciles como ése... Igual ocurre con los malos días; todo sería más sencillo si nos acordáramos de que el mal humor también se irá.
Llego a pensar que lo mismo ocurre con los sentimientos... Un día lo tienes tan claro, ves con tanta nitidez la naturaleza de lo que sientes hacia alguien que de repente se te olvida lo que son las dudas... y sin embargo, nada más proclamarlo con voz firme y alta, comienzan a asaltarte. Nunca me ha gustado decir claramente lo que siento porque creo que cuando lo materializo en palabras se hace realidad. De mientras me gusta darle esquinazo, pensar que es un rumor pasajero, que igual que coló por una ventana, también sabrá salir por otra.
Soy inconstante, indecisa, insegura... Pero porque no me parece que haya un supuesto al que podamos aferrarnos completamente; hay pequeñas marcas que iluminan y guían nuestro caminar, pero bien sabemos que hasta las señales de las carreteras se acaban borrando, volando, deteriorando... Todo pasa y todo queda. Véase si no el famoso principio de incertidumbre... Y creo que ésa es precisamente la gracia de las cosas... que cambien, que se muevan, ¿si no cómo iba a avanzar la historia?
Por suerte o por desgracia, también los sentimientos cambian. Se transforman, como todo, es decir, no desaparecen. Me gusta pensar que, aunque distintos, siguen ahí; que hace falta algo más que el transcurrir del tiempo para desgastarlos, algo más que la rutina para emborronarlos, y algo más fuerte que el miedo y la desconfianza para eliminarlos, aunque los debiliten. Si el miedo y la desconfianza fueran suficiente arma para matarlos, al terminar una relación sería fácil superar una ruptura, pero no lo es; la mayoría de las veces las relaciones no acaban porque "se hayan acabado" los sentimientos.
Aún sigo soñando con el día que pueda proclamar a los cuatro vientos y sin miedo que por fin poseo la certeza que sólo se presenta una vez en la vida.
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There is so much beauty in a smile...

martes, 11 de mayo de 2010 by Chio Eme
Imagina un mundo donde lo que quieres se fusione con lo que tienes, con lo que está al alcance de tu mano. Imagina que basta con creer para ver, imagina que para conseguir algo sólo tienes que desear tenerlo.
Imagina que las nubes son tu casa, que el tejado es el cielo y que la azotea se expande más allá del espacio exterior. Imagina que todas las estrellas de las que él te habló caen a tus pies, para que puedas observarlas más de cerca. Imagina que las aves vuelan a tu alrededor para regalarte su abrazo, y que tú le devuelves la sonrisa. Imagina que puedes volar al lado de ellas, seguirles el ritmo e incluso superarlo.
Imagina que el aire es el medio donde te mueves, que éste entra y sale a tal velocidad de tu cuerpo que ya eres tú mismo aire puro. Imagina que eres una sola cosa y que lo eres todo.
Todo. Todo.
Ahora cierra los ojos y observa tus manos; redescúbrelas creando todo aquello que quieres que creen, órdenales que tracen en el papel las líneas en las que te expresas, las líneas y las palabras que constituyen tu ser mismo.
Imagina que el pensamiento humano cabe en un par de folios, un par de libros, un par de enciclopedias; un par de películas, un par de monumentos, un par de cuadros.
Imagina que tu cuerpo es el mismo instrumento que utilizas para crear todo eso. Imagina que es tu mente la que lo hace. Que es el único e incomparable medio o herramienta que puedes utilizar para ello.
Imagina desarrollarla a tu libre antojo y llegar a los más recónditos huecos de la inteligencia humana. De la filosofía, del alma.
Imagínalo. Porque es justo así como sucede. No es de ninguna otra manera, todo ese poder está en ti. El poder de probarte, de superarte, de evolucionar.
Para mí eso es la palabra, la letra, el fonema... Escribir. Constituye el alimento de mi alma, lo sé, lo he comprobado.
He encontrado mis propios suministros de adrenalina.
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U can switch it off and on, u were here but now u're gone

miércoles, 17 de marzo de 2010 by Chio Eme
¿Por qué si el ser humano nace libre nos empeñamos, desde el primer momento en que abre los ojos, en poner impedimentos a su realización personal? Me pregunto por qué si somos nosotros los únicos que habitamos este mundo, lo hemos hecho así. Por qué nos obligamos a seguir unos injustos pasos, por qué queremos medirlo y controlarlo todo. Está claro que los límites son necesarios sólo para frenar el deseo que a veces nos corrompe de pasarnos al "lado oscuro", para evitar la guerra de todos contra todos. Necesitamos ciertas pautas, sí, para no tomarnos la ley y la justicia por nuestra mano, para ser personas y no animales, o simplemente para guiarnos cuando estemos algo perdidos. Pero debería existir un punto medio, pues no somos robots; es imposible asegurar que todos vayamos a reaccionar de una determinada manera ante algo, o que todos asimilemos una situación de dolor de la misma forma. Somos impredecibles. Siempre pienso, ¿por qué si somos los únicos que tomamos parte activa en el curso de la historia, no lo hacemos a nuestra manera? ¿qué nos podría detener que no pudiéramos detener nosotros?
No somos supermanes, tampoco es que podamos abarcarlo todo, pero creernos los reyes del mundo, ¿por qué no? hasta el momento nadie puede demostrar lo contrario.
Siento que hay demasiadas cosas que se nos escapan, que no podemos explicar de ninguna forma, pero sí intuir, como se intuye que alguien está triste sólo con mirarle a los ojos. El único límite real que podemos encontrar es la muerte, pero resulta muy extraño pararse a pensar en ella, pues parece quedar tan lejos... de modo que mejor ni nombrarla.
Hasta entonces, tenemos mucho tiempo, el necesario, para poder absorber todo lo que nos rodea con la máxima eficacia que podamos alcanzar. Hay tantas cosas por conocer que jamás sabremos, tantos libros que no leeremos, tantas ideas que quedaron plasmadas por algún genio al que nunca se llegó a reconocer... y todo está ahí, escondido en el lugar exacto para que podamos encontrarlo.
Yo quiero aprender, abrir mi mente, leer a todos los clásicos y al mismo tiempo conocer todo lo moderno; saber lo que ocurre a mi alrededor y disfrutar de las mejores historias y la mejor música creada. Aprender de otras personas.
En definitiva, quiero un método de enseñanza y educación que no es éste, quiero no tener que elegir qué estudiar como si una persona con dieciocho años tuviera claro que quiere centrarse en una pequeña rama del conocimiento más que en otras. Jamás entenderé nada de cómo funciona esto. ¿De verdad estamos listos para limitarnos ya, tan pronto? Entiendo que en algún momento hay que tomar decisiones, que hay que hacer algo, buscarse un futuro y que todo lo que yo digo suena utópico y sería, en la práctica, imposible. Pero bueno, he ahí mis sueños; no parar nunca de conocer, pues creo que se es aprendiz durante toda la vida y nunca se sabe lo suficiente sobre algo.
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¿Dónde se han quedao tus sueños? Tienes el alma desnuda.

martes, 16 de febrero de 2010 by Chio Eme
Dando un paseillo por el blog de Paulo Coelho (a quien admiro enormemente) me he encontrado con esta increíble, y cierta, reflexión:

"Whenever we need to make a very important decision it is best to trust our instincts, because reason usually tries to remove us from our dream, saying that the time is not yet right. Reason is afraid of defeat, but intuition enjoys life and its challenges."

Viene a significar algo así:
"Cuando necesitemos tomar una decisión muy importante, es mejor que confiemos en nuestros instintos, porque la razón suele intentar alejarnos de nuestro sueño, diciendo que aún no es el momento adecuado. A la razón le asusta perder, pero la intuición disfruta la vida y sus desafíos."

Sin duda creo que esta afirmación tiene un carácter esencial, fundamental y, como todo lo fundamental, suele pasar inadvertido, es fácil de olvidar.
Últimamente no paro de preguntarme acerca de los sueños, las metas. Dícese de todo aquello que nos mueve a luchar, que actúa como motor interno. Esas ideas que le dan el toque de sentido a lo que hacemos.
Soñar es gratis, ése es casi siempre el problema. Aspirar a coger en brazos a un elefante, siendo una diminuta hormiga. ¿Que nada es imposible? Bueno, lo cierto es que siempre he sido muy negativa con respecto a este supuesto. Negativisimo o comodidad. A veces no se me da bien distinguir uno de otro.
Está bien tener sueños, ser ambiciosos, ilusionarnos; pero resulta frustrante cuando no sabes cómo llevarlos a cabo. Me siento como una tremenda mentirosa cada vez que me digo esto, ¿acaso trato de convencerme a mí misma de algo? Quizá lo único que hay que hacer es lanzarse, de lleno, de cabeza, a la piscina. Porque otro principio esencial es el del "nunca sabes de lo que eres capaz hasta que lo intentas"; pues sí, no te digo yo que no. Por eso mismo siempre he resumido el problema de mi vida a la expresión m/e/m, que quiere decir algo así como miedo/excusa/miedo.
Todos los días me propongo sacar la bola de papel arrugado que guardo por algún rincón de mi mente; ese lugar donde un día debieron estar mis sueños, en el que ya apenas asomo la cabeza para no sentirme demasiado tentada a hacerlos. Tampoco es que haya sufrido demasiadas derrotas; creo que siempre he sufrido más intensamente el dolor que deja la intuición de la derrota que la derrota en sí misma. El miedo.
Ya no hago listas de sueños, sino listas de miedos. No sé qué cosas quiero hacer, sino las que no quiero hacer. No me decido a hacer nada, y si lo hago es siempre por descarte.
Instalada en esta desidia y esta ceguera tan inmensa, me prometo a mí misma que mañana seré luchadora, que me intentaré comer el mundo. Pero no se trata de intentarlo, sino de hacerlo. Si yo la teoría siempre me la he sabido bien; pero qué difícil es siempre la práctica... De lejos parece tan difícil que da hasta pereza imaginarla. Y si ni siquiera la imaginas, ¿cómo vas a realizarla? Yo y mi eterno problema: tener que repasarlo todo mentalmente 5.500 veces antes de llevarlo a cabo. Me cuesta darle vía libre a la espontaneidad, aunque lo intento.
De acuerdo, vamos a realizar el sueño, nuestro sueño. La actitud está tomada. Ahora, ¿qué sueño? A veces no sé si es que no se tiene tal sueño o si es que no se está lo suficientemente lúcido aún para visualizarlo.
O quizá sea sólo otra excusa, o miedo.


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Salir, beber, el rollo de siempre

lunes, 28 de diciembre de 2009 by Chio Eme
Siempre he sentido envidia por aquellos que tienen el don de coger un folio y un papel y plasmar sus problemas. Ese bolígrafo es su salida, su vía de escape, su cura. Desahogarse y soltar toda la mierda que nos rodea, que nos acecha y nos quiere succionar para que formemos parte de ella. Constituye, ciertamente, una sana y efectiva vía de escape, de evasión. Mi vida podría resumirse como vagos y reiterados intentos de ello. Lo siento, no siempre tengo la palabra exacta, ni la estructura perfecta, ni la idea original. No sé si he nacido con ese don, o si ese don existe, o en palabras de mi poeta favorito "que no me da la gana pasar media vida buscando esa droga que tal vez no exista". Me gusta soñar que lo poseo, que es real, que se pueden escribir las palabras exactas, el nombre exacto de las cosas; es una sensación bastante más frustrante de lo que parece.
Siento el deseo infinito de escribir algo bueno pero, ¿y quién decide si lo es? Amo todas las artes menos la mía, o a veces si la amo, porque la siento mía. Te preguntas si esa obra requiere tiempo, madurar, crecer, y te consuelas como puedes diciéndote que es cuestión de tiempo, de experiencia, que aún es pronto. Nunca he pensado, ni por asomo, que sea cuestión de práctica, y seguramente ahí tenemos uno de mis mayores errores, esa actitud "de sobrada" cuando no me siento así para nada en absoluto. Sólo soy una aprendiz, creo que todos lo somos, que para desahogarse recurre a la vía fácil: una buena noche de fiesta de desfase. Me disculpo de nuevo, porque no sé si es eso lo que debería hacer alguien que aspira a artista o quizá es, simplemente, mi modo de entender las cosas, mi percepción. No veo escribir, crear arte, como un modo de evasión, aspiro en realidad, como los grandes artistas y poetas (como si pudiera acaso yo codearme con ellos) a la esencia de las cosas. Esa frase tan típica y tan escuchada, que encierra el mundo mismo, si te paras a escucharla bien. Yo, tremenda hipócrita, que comenzó a escribir para desahogarse, tal y como lo estoy haciendo ahora, a mí me gustaría crear algo que no fuera esto. Me confieso adicta a la palabra escrita, al incesante sonido de las teclas del ordenador al escribir. Adicta. Pero, ¿a qué palabra?
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'Cause there's something about you there...

domingo, 22 de noviembre de 2009 by Chio Eme
¿De dónde nacerá el miedo al amor? Mi corazón se pregunta días tras otro. Hace no demasiado él mismo solía amar, y aunque no siempre fuera correspondido, le embargaba cierta esperanza y gozo que ya difícil es encontrarlos de alguna otra manera. Un día, sin previo aviso, decidió detenerse, por miedo a sufrir más, pues, como acostumbro (por eso de que cualquier tiempo pasado nos parece mejor...), he olvidado añadir que eran más las derrotas que las victorias.
Sí, sufría y mucho. Y yo le obligaba a seguir haciéndolo. Un día su sufrimiento se vio recompensado, y en lugar de premiarle, salí huyendo. No es que me arrepienta de acabar con aquel amor que no era amor, si no sentimientos inofensivos mezclados con inocencia, pero por más que indago en aquella época, no consigo averiguar por qué justo desde aquellos días no he sido capaz de sentir nada.
El mecanismo lo entiendo perfectamente: me escondo, sí, lo hago. Me reprimo a mí misma. Y no me justifico, no quiero excusarme; sólo quiero saber qué me ha hecho tan fría, a qué debo remitir todo mi odio cuando llora mi impotencia al no pasar del sentimiento de indiferencia.
Lo contrario del amor: la indiferencia. Para mí no hay nada peor, ni más cruel, y me dedico a su total ejercicio casi de manera inconsciente. No sé a qué me aferro, si es que me aferro a algo, o si de verdad creo en lo que me digo cuando llego a la conclusión de que el amor no lo es todo. Pero, entonces, ¿qué lo es?
Tiendo a una concepción de mí misma como una cursilona empedernida y sin remedio; y sin embargo... Aún no he sentido esa llama que se apodera de ti y te enloquece. Y si la he sentido, resultaría tan extraño que nadie le daría la importancia que yo aún a día de hoy le atribuyo a aquel sentimiento. Extraño de entender, sí, creo que esa es la palabra: incomprensible. Siento que desde fuera debe verse como algo sin importancia, chiquillerías; o eso debe ser a lo que en el fondo lo resumo yo en uno de mis reiteradas auto-críticas más severas. Pero lo cierto es, me pese lo que me pese, o me cueste entenderlo lo que me cueste, que sostengo que no hay amor más puro que esos sentimientos sinceros, sencillos e inevitables que se sienten por primera vez: pueden ser de una fuerza desmedida, y no digo que el amor verdadero sea tan sólo el primero, pero sí creo, por mi experiencia, que fue el más auténtico.
¿Dónde ha quedado aquella chiquilla de doce años que entregó su corazón sin apenas darse cuenta? Evidentemente ya no estoy enamorada de la misma persona, pero quizá sí de su recuerdo; eso constituye la parte inevitable.
Buscaré mis propios suministros de adrenalina.
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