Que no me da la gana pasar media vida buscando esa frase que tal vez ni exista - Extremoduro.
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Admiración - frustración

martes, 22 de marzo de 2011 by Chio Eme
Te miro y no puedo evitar compararme; admiro tu valentía, detesto mi pasividad. Todo en ti me recuerda a una sola palabra: fuerza; o, como me gusta llamarla, las Cook spunks. Nada en tus acciones es casual, me atrevo a asegurar, aunque no seas una persona en absoluto insegura. No sé si eres de los que se proponen algo y lo hacen, o si más bien tienes el don de la concordancia, de la consecuencia; es decir, no mancillas tus días con esa desagradable desidia de la que el resto de los mortales tratamos de escapar.
Exagero, quizá, al colocarte al margen de los demás, como si no fueras normal, pero, en realidad, no se trata de eso; simplemente constituyes el concepto de normal que aparece en mi cabeza, el que le gustaría que existiera. Creo que irradias pasión, una pasión no contenida, sino desbordada, ebria de poder. Y te admiro una vez más, porque representas todos mis sueños, tal y como los concibo. Y me pregunto, ¿qué nos diferencia? ¿qué me hace incapaz o me limita?
Tú, humano, dices estar hecho de historias. ¿De historias? Tal vez, pero más bien de sueños. ¿Pero de qué sirven los sueños sino hay fuerza psíquica que los pueda llevar a cabo? Esa fuerza psíquica, esas agallas, existen dentro de todos, la cuestión es cómo despertarlas. Una vez más, me hallo dándome caramazos contra la pared que me aprisiona, por imbécil, por empanada, por vaga, por pasiva, por cobarde, por indiferente. He escuchado por ahí, que es necesario introducirse en la corriente de peces para tener ganas de salir de ella, verdaderas ganas. No me obligaré más a entrar en ella, y si entro será porque me apetezca. ¿Por qué no nos aceptamos tal y como somos? ¿Por qué nos empeñamos tanto en ser normales?
Ahora quiero ser normal, como lo que yo entiendo por normal, como cualquier persona que va a por lo que quiere, porque no tenga cabida en su mente otra forma posible de vivir la vida. 
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Three Little Birds

sábado, 6 de noviembre de 2010 by Chio Eme
Dime, ¿hay algo que pueda hacer? Porque siento que si no se riegan las flores, éstas corren el riesgo de marchitarse... y morir, y yo no quiero que mis flores mueran; tan pronto, tan jóvenes, tan en la primavera de sus vidas... Inquietud impaciente que recorres cada milímetro de mi cerebro; dame un respiro, son demasiadas emociones en tan poco tiempo. Las asimilo, las siento mías, las quiero, quiero mantenerlas a flote... pero deja ya de resoplarme en la cara; si quieres soplar, que sea a favor de la corriente, no hay zancadilla que puedas ponerme que pueda llegar siquiera a rozarme. Si me tocas, que no sea para hundirme, sino para impulsarme. Si quieres ayudar, constrúyeme unas alas, para volar, muy despacio, hacia ese lugar, el lugar.
El miedo al fracaso es apenas infinitesimal cuando se posee tanta certeza, lo cual no quiere decir que esa posibilidad esté descartada. Sé dónde está el suelo, sé dónde puedo caerme, pero no creo que vaya a hacerlo. Esta vez es diferente; no puede uno hablar de victorias, de derrotas, tan sólo del camino. No sé cuánto tiempo me espera en esta tierra sembrada de incertidumbre, de pavor... pero aquí me quedo. No sé cómo llegué pero, aun habiendo arraigado inesperada e involuntariamente, puedo asegurar que si se me hubiese pedido permiso no me lo habría
pensado dos veces. No es una elección mía, pero al mismo tiempo aquí es, también, donde decido estar, donde quiero estar.
Y ahora vuela, pájaro, a toda prisa, sin mirar atrás; siéntete libre de poder planear, subir y bajar todo lo que quieras. Deja a esa desconocida brisa ser tu guía, déjala mimarte, mecerte en su murmullo... cierra los ojos y desempeña tu papel.
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Crónica de una muerte anunciada

lunes, 1 de noviembre de 2010 by Chio Eme
Somos como el aire, ¿me entiendes? Sólo lo notas cuando corres y aceleras tus latidos. Pero hoy vengo a decirte algo, no eso. El caos sólo me gobierna cuando en mí tan sólo hay nada. Hoy, por fin, hay algo. Llevo tanto tiempo sintiéndome vacía que ya ni recordaba lo que eran los nervios.
Me gusta pensar que existen ciertas conexiones entre la gente intangibles al tacto humano e invisibles a nuestra siempre reacia y escéptica cordura. No tengo mayor sueño que lograr encontrar esos hilos en todas y cada una de las personas que me rodean, que encontrar el cordón maestro que aune y me dé acceso a todas las demás fibras secundarias, aunque no por ello menos importantes; sueño con conocer e interiorizar las corrientes eléctricas que transmitan dichas fibras, sus impulsos. Sueño con conocer tan bien los puntos ajenos que se unan a los míos que llegue a saber exactamente dónde tocar para provocarte un calambre, para robarte un par de alientos, para que tengas que acordarte de que tienes que respirar y yo, más ambiciosa que nunca, quiero dar con sus coordenadas de manera puramente espontánea, casual, como si fuese el destino, en caso de existir, el que nos hubiese empujado a eso, el que me las hubiese chivado en un gesto de amabilidad. Sueño con que ese destino del que el mundo habla nos guiñe el ojo, al menos, dos veces. Una a mí y otra a ti, para que su fuerza nos llegue a ambos.
Quiero jugar. A unir y a separar hilos. A dificultar el flujo de la corriente por determinados hilos para que aumente el misterio, la tensión, la locura. Quiero enloquecer, estoy harta de esta sobriedad de los instintos animales. Quiero no parar, nunca, de sentir la marea avisándome de que coloque la bandera roja. Hoy no le pido más a la vida, pues hoy, por decirlo así, todo me parece más impregnado de su habitualmente inalcanzable sentido. Y todo radica en el agujero de ese diafragma, ése, y no otro. Ése que apenas desempeña bien su función, pues sólo intuyo un ser totalmente lleno de luz y de brillo, y no quiero algo mate, no, quiero toda esa luz. Porque se me contagia, se instala sin permiso por algún recoquevo de mi cuerpo.
Y ahora, somos como la luz, ¿me sigues? Cuando brilla con tanta fuerza no podemos evitar sentirla ni aunque cerremos los ojos.
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Recaídas.

miércoles, 25 de agosto de 2010 by Chio Eme
No te voy a engañar ni te voy a intentar hacer creer lo que no es. Lo físico es lo físico, lo emocional lo emocional y lo sentimental lo sentimental; no puedo evitar seguir pensando en ello. Cierro los ojos y me imagino en la más embarazosa de las situaciones sintiéndome lo más increíblemente agusto que me haya encontrado jamás... el porqué ni lo sé ni me importa. Se llaman emociones y viajan tan rápido a lo largo de nuestro cuerpo que resulta imposible encontrarles el origen o intentar prever a dónde nos van a llevar. Las emociones hacen que mi cuerpo deje de comportarse como si fuera un robot, son las que lo dotan de verdad de vida y hacen que mis movimientos tengan algún sentido.
Me asusto; ya no limito la visión de mi boca a eso que se me mueve al hablar, o por lo menos no la mayoría de las veces. Tampoco mis ojos se conforman con dar una rápida mirada de reconocimiento del terreno, no; ahora se paran a observarlo todo con detenimiento y sin mi permiso y a veces me atemoriza que me dejen en evidencia al desvelar todo lo que uno no querría dejar saber por vergüenza. Sí, me imagino que a esto se le llama volverse poco a poco más humano.
Desde luego mi cuerpo va perdiendo color desde la última vez que tomé el sol... la cuestión es cuándo volveré a ir a la playa. A veces creo que no podría ser más explícita. No puedo negar que eche de menos ese sol, pues sin duda no puedo parar de pensar en otra cosa cuando da la noche en mi cama, y doy millones de vueltas soñando con que vuelva a sonar mi móvil a eso de madrugada: no importa un comino el precio, porque no lo hay, ¿me entiendes? A no ser que te empeñes en ponerlo tú y etiquetes tus actos de deshonestos o indecentes cuando en realidad de lo que se trata es de actos puramente emocionales. Uno elige muy deliberadamente lo que hacer con su robot, o sea, su cuerpo, y decide si salir de la gestación o continuar sin cuajar.
Recuerdo cuando el verano pasado me preguntaron:
- ¿Cuánto tiempo más vas a dejar reposar el té? ¿No está aún lo suficientemente fuerte?
Esperé un poco más, pues alargar el momento de los sucesos se ve que es algo que me deleita. Cuando creí que ya estaba listo para tomar, di un sorbo que casi escupo al descubrir que aquel sabor era demasiado fuerte para lo que yo estaba acostumbrada.
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Milagros de San Juan

viernes, 25 de junio de 2010 by Chio Eme
No sabría decir si me ha parecido una mierda de noche o una noche medio entretenida, pero la verdad es que con ésta ya he tenido bastante San Juan por lo menos para un par de añitos.
Estados de ánimo muy bajitos, cabreos, novios de mierda que no valen un duro, amigas que lloran desconsoladamente por ellos, amigas a las que esa noche les sonríe, amigos que no paramos de hablar de Skins... y algunas que nos pasamos horas y horas buscando desesperadamente la mochila que nos han robado x)
Una mochila, evidentemente, importa bien poco. Incluso la cartera que va dentro de ella también importa bien poco, y menos si no llevas dinero dentro de ella. Pero algunas tontainas llevamos en la cartera papeles importantes, pequeños recuerdos, y nunca caes en que los llevas en un sitio demasiado vulnerable, demasiado poco protector. Pensamos, antes de abandonar el piso, "vamos a dejar aquí todo lo importante", cogí y saqué de la cartera el billete de vuelta a Granada y el dinero que llevaba pa comer al día siguiente. Ya está. En ese momento con "importante" se me vino a la cabeza lo relativo a dinero y a un uso inmediato, aquello totalmente imprescindible. Cuando me enteré de que alguien se había llevado mi mochila lo primero que pensé fue seré gilipollas; no, no saqué todo lo realmente importante.
En fin, después de pillarme un cabreo muy subido de tono (el alcohol ayuda) y de buscar de noche y sin ver una mierda un buen rato, nos fuimos al piso, en mi caso para no dormir. A veces hay que dar gracias por ser tan horriblemente cabezona, porque no sé si ha sido el destino o un maldito milagro xD, pero al amanecer me fui a la playa y no paré de buscar hasta que dos horas después, recorriéndome playa y paseo marítimo, di con mi mochila vacía y, un rato después, cuando ya empezaba a perder la esperanza de encontrar mi cartera, cojo y me compro una lata de fanta de limón, me siento en un poyete del paseo, y comienzo a ver entradas de cine que había en mi cartera. Veo un papel de mi mochila de informe de faltas de clase, veo una foto de mi hermana... y al ir siguiendo el rastro doy con el mini papel, del tamaño de apenas dos galletas de oreo juntas, que llevaba noche y mañana buscando, el maldito culpable de que haya pasado más de 24 horas despierta, acompañándole al lado una estampita hiper cutre que me dio un amigo hace mil años de la Virgen del Rocío xD.
En fin, no suelo escribir estas cosas por aquí, pero es que esto me parece digno de ser contado. Qué maldito milagro.
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El amor es como un rayo galopando en desafíos (8)

domingo, 6 de junio de 2010 by Chio Eme
Supongo que hoy tengo el día tonto, pero...
ya son muchos días tontos, ¿no?

Algo me palpita y me dice que no sólo las ganas hablan, que es algo más, que hoy he llegado por fin a una conclusión a la que llevaba meses y meses soñando con llegar... ¡Hay vida aparte de los polos opuestos!

Para ser del todo sincera, me he dado cuenta de que, para mi alivio, tenemos muchas diferencias. Mira será lo que sea, una paranoya transitoria, un día tonto, una ilusión vana... pero a mí hacía tiempo, mucho tiempo, que alguien no me impulsiba a escribir sobre esto que se juega a llamar sentimientos. Probablemente estoy jugando con fuego, pues ya sé muy bien cómo andan las cosas, y es más, encima ayudo a que avancen, o lo intento, pero, ¿quién puede evitar que caiga un rayo? Como mucho puede predecirlo...
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Lo bueno, si breve, dos veces bueno... ¿no? :(

martes, 27 de abril de 2010 by Chio Eme
Y de repente parece que se ha acabado... el sueño, nuestro sueño. Desearía poder aferrarme con todas mis fuerzas a esos increíbles momentos que vivimos el viernes o, mejor dicho, a estos geniales meses que llevamos regalándonos desde el primer domingo de enero. Cuatro meses, que se dice pronto, y pasan aún más rápido. Coincido con todo el mundo en que esta obra, por millones de motivos, a cual más cierto, nos ha unido a todos de una manera inexplicablemente especial. Es así, aunque no nos conozcamos, hay un cariño y una especie de conexión que está ahí latente, muy visible en la de abrazos y sonrisas que nos regalamos tras los aplausos. Los que se dieron y los que no se dieron; qué más da, aunque algunos no hayamos cruzado más de cuatro frases estoy segura de que al mirarnos cuando nos volvamos a ver podremos comprobar que subyace la misma alegría reflejada en nuestras pupilas al reflejar éstas concretamente a alguien que haya participado de esta maravilla con nosotros.
Es casi imposible describir el sentimiento que nos ha regalado a todos esta increíble obra, sé que a todos nos ha hecho felices, porque lo estoy viendo continuamente en lo que escribe la gente ahora que parece haber terminado. Es normal, las despedidas son realmente tristes, pero, la vida da muchas vueltas, y la ilusión a veces te sorprende. Porque igual que yo he tenido que esperar 6 años para cumplir mi sueño de participar en Superstar, estoy ciertamente segura de que esto va a volver a repetirse tarde o temprano. Ahora todos soñamos con no tener que desabrazarnos de esta entumecedora sensación de felicidad que nos ha dejado todo esto, y lo que queremos es volver a vivirlo ¡YA! yo incluso me conformaría muy muy de sobra con seguir ensayando los domingos aunque no haya representación a la vista, pero... bueno, no me importa esperar otros 6 años y los que hagan falta (ojalá que no sea tanto tiempo por dios xD).
En fin, que esta obra, estas canciones de mis amores, se merecían unas palabritas, aunque estoy segura de que podría dedicarle millones y millones, y jamás podría agradecerle lo suficiente regalarme esta extraña sensación de felicidad. Espero que la gente disfrutara viéndola tanto o más que nosotros haciéndola. Espero que todos permanezcamos así de abrazados hasta que se repita. Simplemente increíble, brutal, impresionantemente especial.
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Oh-oh es un tumor

miércoles, 21 de abril de 2010 by Chio Eme
Voy a deshacerme de todas las cintas, reglas y dosificadores siempre utilizados hasta ahora para su medida. No voy a encerrarlo, a atarlo con cadenas y echarle el candado para después tirar la llave. Lo que quiera que sea esto (no me importa, me calma) bienvenido sea; esto es la vida, ¿no? Sensaciones, no puede tratarse de otra cosa. Y son abstractas, sí, gracias a Dios inmesurables. Y no sé por qué, no le temo a nada, porque, ¿qué es el temor? no hay motivos para sentirlo. Hasta ahora siempre me había resultado exasperante, temible y dolorosa esa sensación que te hace intuir que se avecina una derrota. Esa sensación que hace que frenes tu lucha y lo des todo por perdido. Nunca se me ha dado demasiado bien luchar, pero por fin he descubierto que creo que todo esto trata simplemente de dejarse llevar. Y es lo que voy a hacer.
Agradable, agusto, comodidad, soltura, facilidad... naturalidad.
Ya llega el buen tiempo y, con él, la calma.
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Hoy no necesito más

jueves, 1 de abril de 2010 by Chio Eme
Dicen que la perfección no existe, pero yo la encuentro siempre en las pequeñas cosas. En lo más simple y sencillo, lo más natural y espontáneo. Me imagino que cada uno tiene su concepto o idea de "perfección" y, por tanto, se trata no más que de una opinión, esto es, de algo muy subjetivo.
A veces puedo quedarme hipnotizada horas y horas viendo el simple discurrir del agua, pues su sincronización me deja estupefacta. Lo mismo puedo decir del fuego; al mismo tiempo que le temo, no puedo despegar los ojos del bailoteo que se traen las llamas.
No puedo evitar estar en la calle y respirar hondo y grande como si me fuera la vida en ello. Vacaciones, gente. Una pequeña e insignificante semana que me sabe a gloria, a recompensa. No se trata de hacer nada especial ni nada del otro mundo. Sólo con tener tiempo para estar al aire libre, disfrutar de una jarra con los amigos, andar y andar y andar por cualquier lado, coger un puntillo chisposo que te haga sonreír por todo... Es lo que apetece. Tener el día filosófico y de todo menos existencialista, dios, cuánta falta hace después de tres meses con sus 90 tardes calentando una silla. Este tipo de días me ayudan a valorar más las cosas, a sentir que por supuesto que quiero seguir aprendiendo, pero que ahora me toca a mí, y que compatibilizaré todo como pueda. Já. Imposible, pero bueno.
Hace poco me dijeron que no se trata de ir corriendo hacia el último peldaño de la escalera, sino de ir alcanzando poco a poco los rellanos de ésta. Y los rellanos hoy están por todas partes. Música, un buen bocata, una ida de cabeza y llamar a alguien para irte de fiesta de improviso, aprovechar leche, ¡vivir! ¿Pero qué más se necesita?
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Desafiar lo correcto, instalarse en lo absurdo

miércoles, 3 de marzo de 2010 by Chio Eme
Destápate, improvisa, déjate llevar. Siente el aire golpeándote los labios, luchando por llegar a lo más hondo de tu garganta. Siente la vida misma corriendo a la velocidad de la luz por tus venas. Todos los impulsos reprimidos de tu cuerpo que nunca has dejado salir: saltar, gritar, llorar, golpear, correr, volar... Trágalos, aspirálos... aprovéchalos.
Ser un animal que sólo se guía por el instinto, que no busca nada ni persigue nada excepto lo que sea fundamental para su supervivencia, que todo lo que le mueve a actuar es sentirse vivo.
Respirar tan hondo que el aire lastime tu laringe, que lo sientas burbujear en tus pulmones. ¿Hay algo más real que estar vivo?
No se trata de evadirse, ni de tratar de dejar la mente en blanco, sino sólo de aprovechar el momento. Sólo eso, vivir en el presente, que es lo único que podemos acercarnos a intuir.
Sentir que se realizan tus cinco sentidos, pero al mismo tiempo que toda experiencia es íntima, emocional y no sensible. Contradicciones aparentes que perfectamente encajan con lo real.
Liberarse de los prejuicios, de las inhibiciones, de la utilidad, de la finalidad, de lo material.

A todo se le llama "estilo o modo de vida" pero, yo prefiero llamarlo "modo de existir", pues vivir no es cualquier cosa, no es dejar pasar el tiempo sin más. No por respirar estás más vivo que cualquier muerto, no porque tu corazón siga latiendo dejas de estar inerte. Los lazos que unen a la vida son frágiles, casi como hilos invisibles, y es precisamente ésta livianidad que los caracteriza la responsable de que podamos sentir los límites de la vida en las situaciones de más pura adrenalina. El cuerpo es débil, enfermizo: hay gente que ha pasado a mejor vida y la tenemos más presente en nuestro día a día que a muchas de las personas que nos rodean. ¿Por qué? Porque nos han marcado, porque su presencia fue tan fuerte que no se ha ido porque hayan abandonado un cuerpo, y porque la presencia de los otros nos pasa inadvertida, porque uno no nota que vivan, no han encontrado esa fuerza que los inunde y les haga sentirse vivos.
No podemos ser sólo cuerpos, hay que vivir de puertas para afuera, aceptar que no todo se puede medir ni todo se puede explicar a través de fundamentos lógicos y razonables. Vivir en lo desconocido aporta desafíos, susto, expectación... sentimientos.
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