¿Qué te tiene tan cohibido? Respiras y me aspiras, como si yo fuese una sustancia volátil que pudiese fácilmente colarse por tu nariz. Como si yo pudiese, en caso de colarme, producirte una fuerte reacción alérgica.
Te levantas y te marchas, desapareces tras colocarte la ropa, ésa misma que luego dejas tirada por cualquier parte. Hace tiempo que compraste los billetes del avión que querías coger, pero no te atreves a subir sin saber quién será tu compañero de asiento o sin tener total certeza de que existirá uno.
No lo puedes creer, no, que haya días que no tengas ganas de hacer absolutamente nada. ¿Mereces vivir la vida que tienes? ¿La valoras? Tú sigues simple y llanamente esperando, dándole al pause cada vez que empieza a reproducirse sola tu canción.
¿Eres lo que pienso que eres? Esa estrella, ¿viene? ¿vuela hacia algún punto? Esperas que sí, que rompa de una vez por todas sus esquemas y se atreva a abandonar su órbita para aterrizar a tu lado. O quizá esa estrella siempre ha estado un poco fuera de tu alcance. Qué más da, tú no puedes evitar sentirla tuya.
Necesitas una órbita, no el lugar determinado al que te conduzca, sino la órbita en sí. Sabes muy bien a dónde quieres que te lleve, pero quién sabe si lo hará. Respiras una vez más y sueltas todo el odio que llevas por dentro al espirar. No lo quieres dentro de ti, sólo consigue volverte un poco más gris de lo que ya de por sí eres de nacimiento. Y estás harto de sentirte gris, de no saber si realmente lo eres, de no saber si hay más colores aparte de ése.
Hay días que te conformas tan sólo con girar, con los ojos cerrados para poder disfrutar mejor el momento. Y así, sencillamente, eres feliz. Girando. Siendo capaz de dejar las tonterías que te preocupan a un lado y permitiendo que por la nariz sólo te entren buenos aromas, dejándote ayudar por otros para saber a cuáles no dejar pasar.
Pero otros días no comprendes el sentido de girar sin un algo/alguien que dirija tus movimientos. Y no escuchas la melodía; por más que lo intentas, todo lo que escuchas es ruido. Sintonízame, sintonízate a ti mismo. A veces las interferencias te hacen dar con una emisora inesperada. Pero casi nunca la encuentras cuando pones todo tu empeño en buscarla. Cuestión de probabilidades; colócate en el lado de la balanza que quieras, desequilíbrala y pierde. Pero ten las agallas de colocarte en alguno de los lados. Fracasa, cae, pierde, avergüénzate, pide disculpas, vuelve a levantarte y vuelve a caer. Al final tan sólo se trata de eso. De levantarte siendo consciente de que en algún momento caerás, y de caerte teniendo muy presente que serás capaz de levantarte. Ponle picante, pasión, guindillas a lo que cocinas si lo que quieres es que te salga un plato picante. De lo contrario, no sabrá a nada.
semillas amarillas, semillas rotas de nuevo.
Hace 7 años
