Que no me da la gana pasar media vida buscando esa frase que tal vez ni exista - Extremoduro.
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Diario de una crisis

miércoles, 3 de noviembre de 2010 by Chio Eme
Hoy no he ido a clase, y en mi pared hay un calendario que aún marca "octubre". Algo tan simple como pasar la página me transladaría al mes en el que realmente estamos, pero no quiero. Tengo miedo. En muchas ocasiones a lo largo de mi vida he llamado a cualquier pequeño temor "miedo", pero puedo asegurar que nada ha sido comparable a éste, mi cuerpo entero lo sabe.
Mañana me gustaría no ir tampoco, porque llevo engañándome a mí misma cerca de mes y medio, pensando que estaba bien renunciar a lo que quiero y dejarlo en un 2º plano que, en mi caso, nunca llega. Estoy muy asustada, no paro de mentir y lo único que me ayuda es estar aquí, arrinconada en mi cama escribiendo.
He subido la persiana para delatarme, para que alguien entre en mi cuarto y me vea tal cual estoy, pero sé que podría pasarme aquí la mañana entera y nadie se daría cuenta, y yo seguiría mintiendo.
Mi brújula está mal, nunca ha funcionado, y me toca a mí desenredar este lío. Veo una respuesta, y no sé explicar por qué, pero ahora me convence.
Nunca había tenido sensaciones tan nuevas inundándome el cuerpo, me siento una persona completamente distinta, y tengo que luchar por mí o, mejor dicho, responder por mis actos, porque me van a pedir explicaciones tarde o temprano y aún no las tengo.
Quiero ser valiente. Llevo tanto tiempo queriendo huir de la boca del lobo que me cuesta mucho meterme ahora directamente dentro de ella.
Me siento como el perro que esconde el rabo entre las piernas después de hacer algo malo. Me siento un tanto perdida: aún no tengo ni idea de lo que va a pasar.
Es bueno llorar, no le temo, pero no me salen las lágrimas, y siento tanta presión en los ojos que me van a explotar. Y me pregunto, ¿es que hay algún truco? Nunca antes lo ha habido, pero es probable que lleve... he perdido la cuenta, no me acuerdo de cuándo pudo ser la última vez. Demasiada calma va a provocar, por fin, que irrumpa una gran tormenta. Y yo quiero estar en el centro de ella, que venga lo que tenga que venir, no quiero aplazar las cosas más.
No puedo ni comer... ¿no es eso suficiente indicio?
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Love is noise

martes, 19 de octubre de 2010 by Chio Eme
Saborear una piruleta alcanza su grado de satisfacción máximo cuando lo hacemos porque de verdad nos apetece. No es lo mismo tomarte una piruleta que te acaben de regalar a tomarte una que te acabas de comprar porque la has visto en el escaparate y has pensado: "me apeteces".
Hay muchas formas de subir una cuesta, pero sólo hay una que te permita olvidar el coñazo que supone el asunto en sí: que después de esa cuesta tengas que subir 120 empinadísimos y diminutos escalones. Sí, 120, yo no los he contado, me he sentido tentada varias veces pero no quería ser tan débil, así que me he enterado por una persona que se aburre más que yo subiéndolos; difícil, pero existe.
Hoy me he dado cuenta de que me gusta subir esa cuesta y esas escaleras. Me gusta llegar y tomarme una tostada. Me gusta acabar de clases y bajar esa misma cuesta y esas mismas escaleras. Me gusta también la gente que me rodea. He tenido suerte, me siento agusto. Tan agusto que no me importaría quedarme allí un par de horas más... pero esas horas vienen ahora después a eso de las cuatro.
Me gustan los cambios, siempre me han gustado y siempre me gustarán. Pero a veces los cambios no vienen solos, hay que buscarlos y lanzarse a ellos. Me gusta que los cambios me pongan a prueba, que me hagan sacar de mí una parte cuya existencia ignoraba o desconocía. Me gusta ver que soy capaz de más cosas, conocerme un poco más para llegar a la conclusión de que me desconozco por completo.
Soy muy ilusa. A menudo pierdo el tiempo imaginando e idealizando cambios que aún no han llegado y que no sé si llegarán. Me gusta creer que esa persona existe, aunque no la conozca. Pero si hay algo que sin duda no me caracteriza, es ser una persona intuitiva. Envidio enormemente a la gente que intuye y se guía por su intuición. Yo no puedo, porque nunca intuyo ni presiento nada, aunque me encantaría poseer esa capacidad extrasensorial que le da el toque de pimienta a la vida de la gente: lo metafísico, misterioso... las señales, una vez más. Por eso, cuando en un momento determinado de pronto me sorprendo a mí misma diciéndome que se avecina algo, no puedo evitar desconfiar. Si hay algo que sí me caracteriza es el escepticismo que me profeso.
Pero algo se cruza en tu camino, en tu sendero, y aunque no sea cien por cien palpable puedes intuir sus huellas dirigiéndose hacia ti. Quizá de pronto cojan un desvío que las aleje de tu camino, o quizá sigan recto.
¡Aleluya! No estamos solos. ¡Aleluya! ¿Vienes hacia aquí? Haces ruido al caminar, quizá para que yo te escuche. Quizá para ser un individuo más dándole vueltas al mundo. No me importa. Mi piruleta no me la quita nadie, y el sabor que tiene ahora, tampoco. Estoy despierta, receptiva; te intuyo, no te palpo, te siento.
Quizá me estoy volviendo loca, quizá no hay camino, ni huellas, ni nada de nada. También dicen que hay que creer para ver, y no al revés. Sea como sea, hoy disfruto más esa piruleta, se me hacen menos pesados esos escalones, y disfruto metiendo gente nueva en mi vida cada mañana.
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Right place, wrong time.

martes, 28 de septiembre de 2010 by Chio Eme
Me pregunto qué puede llevarnos a considerar o no algo como un desafío. A tomárnoslo personalmente como tal. Para mí un desafío es algo que nunca he llevado a cabo, que nunca antes he conseguido y que realmente quiero llegar a alcanzar. Es algo que realmente te pide el cuerpo hacer y que sientes como esencial y necesario para tu propia realización personal; para crecer y madurar, hablando claro. Este curso es un total desafío para mí: siento que, de alguna manera, sólo quiero poner lo mejor de mí, dar mi cien por cien y no parar de esforzarme en conocer a la gente que me va a acompañar día a día durante quién sabe cuánto tiempo. Odio esa sensación de estos dos últimos años de sentir que ir a clase cada día era tachar con ganas un número en el calendario, dormir las horas muertas de clase sin prestar atención la mayor parte del tiempo pero fingiendo hacerlo totalmente.
Quiero ver si soy capaz, no sólo de relacionarme, sino también de superar el curso en sí. Soy una persona que se agobia fácilmente, que rápidamente se echa para atrás si cree que no puede con algo... y hoy ha sido ésa mi primera impresión. Me han asustado, he sentido más que nunca que realmente no sé dónde me he metido; que no soy consciente de la dificultad de lo que tengo entre manos. La verdad, llegar a superar eso, también sería un enorme desafío. No sólo por sacarlo adelante, sino por sentir que de alguna manera he acertado y que, aunque nunca tuviera la menor idea de lo que quería hacer, dentro de lo que cabe no me he equivocado tanto eligiendo esto. Podría echarme atrás, podría usar como excusa que no es esto realmente lo que me gusta, que nunca lo ha sido y que creo haberme equivocado. Pero no sería más que eso, una excusa, pues estoy segura que fuera donde fuese siempre tendría esa sensación de no estar en el sitio correcto. El desafío es, también, lograr que éste lo sea, que éste sea mi sitio.
Dicen que las personas necesitamos mantenernos ocupadas en algo, así que no veo qué hay de malo en mantenerme ocupada en esto. No sé si quiero renunciar a otras muchas cosas... no sé si tengo que hacerlo. Lo cierto es que ahora mismo no sé nada. Nada de lo que nos depara esto, a largo o a corto plazo. Pero lo que sí sé es que no quiero ser un fantasma que se arrastre de la cama a las clases, de las clases a mi casa. Necesito que esto dote un poco de sentido a esa pequeña rutina llamada día a día, aunque sea sólo un poco. Es una meta más entre otras muchas, pero no quiero concebirla como una meta impuesta, sino como mi elección. Hay que darle una oportunidad, la oportunidad de ser un desafío y no una obligación.
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