Que no me da la gana pasar media vida buscando esa frase que tal vez ni exista - Extremoduro.
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Siempre iluminada para mí, por mí, por mí, por mí...

sábado, 24 de julio de 2010 by Chio Eme
Una noche más y aquí estoy; estoy sola, sola con mis recuerdos. No nos engañemos a nosotros mismos: no todos los recuerdos son malos, incluso los malos se vuelven positivos una vez se ha superado esa etapa y uno logra mirarlos con la mirada con que se mira a un viejo amigo, a un hermano.
¿Cuántas cosas buenas tenemos/poseemos? Si me tuviera que parar a contarlas estoy segura que acabaría perdiendo la cuenta de cuántas veces he doblado los dedos de mis dos manos. Por más que haya motivos feos, graves, angustiosos y de gran peso para abandonarse a la tristeza, existen, al menos, el doble de motivos para sonreír. Sí, de acuerdo, esto suena a tópico inútil utilizado y reciclado cientos de veces sin ningún efecto, al menos, a corto plazo. Lo es. Pero, francamente, me importa muy poco. Cuando uno dice algo en un momento justo, es porque ese algo esconde una larga historia detrás. La de mi "algo" es bastante simple.
Cada vez me impresiona, de manera más brutal, el famoso efecto mariposa. Cuidado con lo que hacemos, decimos o aconsejamos... uno jamás podría imaginarse las consecuencias que eso podría tener. No le des fuego y un cigarro a un adolescente en pleno desarrollo de sus intrépidas curiosidades y ganas de experimentar más profundas, porque probablemente lo cogerá (generalizando, que es gerundio...). No sugieras con una amable sonrisa a un supuesto débil, blanquito nuclear ignorante, que se exponga al sol en la playa sin siquiera hablarle de lo que es una crema protectora solar... ya sabes lo que viene a continuación: se quemará. Y no es que tengas mala leche, que quieras que el pobre se queme, es que tú has estado muchas veces ya en la playa, ¿verdad? y lo que es quemarse ya te has quemado; sabes que duele, pero también sabes que todo dolor es pasajero y que en este caso hay opciones: aftersun y despellejarse. Tan simple como eso. ¿Quién no se ha quemado alguna vez? El caso es que tú no has acabado con cáncer de piel, ¿verdad, majete?
Te admiro a la vez que te detesto; en mi más hondo y profundo mar hay peces que te recriminan muchas cosas, y a los que les gustaría que tú te sintieras algo culpable. Tranquilo, cordura ante todo: predomina el sentimiento (llámese x) antes que el odio. En realidad estos peces son como mosquitos que vuelan todos hacia la luz, tu luz. Y yo dejo abierta la ventana con la luz bien encendida; una luz que se instaló sola y que decidió tirar a la basura el interruptor para que no pudiera yo apagarla nunca... y, dime, ¿cómo evitar, llegados a este punto, que te piquen los mosquitos?
Sabes y conoces mi debilidad; yo siempre canto a tu ventana. Noche sí, noche también. Soy una fija; tu ventana es la única certeza que posee esta niña insegura. Siempre estaré ahí, aunque no me dé cuenta. ¿Qué por qué digo ahora esto, que por qué aflora ahora? Siempre está en pause, que no es pause sino standby, y de vez en cuando reclama su derecho a comerme la cabeza un poco, a recuperar el trono y la jefatura de mi órgano vital cardíaco. Y qué más da... Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar... pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.
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Tirando de la cadena del pensadero...

miércoles, 10 de febrero de 2010 by Chio Eme
No sé si alguna vez habéis tenido la sensación de no pertenecer a ningún sitio, o de tener los pies siempre fuera del tiesto, colgando y balanceándose a su merced. A veces se trata de inhibición, a veces de cansancio y la mayoría de las veces de impotencia y sueños. No sé en qué momento comencé a soñar con otros lugares, con otros mundos y otras sensaciones, pero desde entonces no puedo parar.
Me siento agusto en mi piel, es decir, al menos parte del tiempo. Ni he nacido en un hogar de mierda ni en una ciudad de mierda. Todo lo contrario, soy una enamorada de Granada y siento un tremendo respeto y afecto por mi familia aunque, como todas, tenga sus fantasmas... No me preocupa; procuro limitarme a vivir pensando en el futuro, sí, porque nunca se me ha dado bien vivir el presente, pese a que lo intente con todos mis esfuerzos. No miro atrás, no me gusta volver la vista y desandar lo andado, aunque a veces tus pies cobren vida propia y tracen los caminos que les dé la gana. No suele ser a menudo, por lo que no me preocupa pero, ¿y qué hay del hoy? El hoy es intragable cuando el lugar no parece ser el más adecuado, lo cual no lo convierte en el equivocado, pero tampoco en el más correcto. Se trata de sensaciones, siempre lo he pensado. Cuando algo no te transmite, hasta aquí hemos llegado.
A mí Granada me transmite, me transmite y mucho, aunque para buscar esa sensación tenga que escaparme al Paseo de los tristes cada dos por tres, pero lo hago encantada. Cuesta desprenderse de un lugar tan mágico y a tan sólo veinte minutejos de tu casa. No todo es fiesta, fiesta, fiesta, hasta que amanezca, no. Pero incluso en un lugar tan bonito como éste la monotonía termina por llegarte, pero ésta es llevadera si se da un par de veces al mes. La cosa se hace insostenible cuando se convierte en una rutina diaria, ¿y qué la ocasiona? El colegio sobre todo, el estudiar cada tarde... y segundo de bachillerato, para ser más exactos. ¿Qué quiero hacer con mi vida? No lo sé. Ah, pues deberías ir pensándolo. ¿Pero qué otra cosa supones que he hecho desde que tengo uso de razón? No soporto los discursos sobre "piensa en tu futuro, en las salidas..." maldigo a la primera persona que pronunciara "salidas" refiriéndose a las carreras por primera vez, aunque me imagino que si esta expresión no existiera, seguramanete habría otra por el estilo para darte una ostia cada vez que la escuchas. No puedo pensar en ello, no, ahora no. Demasiado tengo con decidir qué narices quiero estudiar como para pararme a pensar también en lo que de ello de sí de aquí a seis años. Miento, pienso en todo, mi cabeza fue sustituida por una batidora hará ya unos dos o tres años y desde entonces no para de inventar nuevos futuros para mí que se difuminan tan pronto como me pongo a escribir. ¿No podría haber una carrera que ayudara a los aspirantes a escritores? Ya sé que te podrían enseñar bien poco, pues como siempre he pensado eso debe tratarse de un pequeño don, o una cierta magia a la hora de escribir, algo innato. Que lo tienes, bien, que no, hasta otra. Pero no sé si es algo que se pueda ir educando, forzando... supongo que sí puedes cultivarlo, mimarlo, y darle rienda suelta de vez en cuando, cuando te apetezca soltar parrafadas enormes sobre algo que tienes en la cabeza y ya no sabes ni con quién ni cómo hablarlo. Ay.
Más suspiros... Ojalá pudiera hacer un viaje al futuro para ver en qué facultad me matriculo; si seguiré en mi ciudad de mis amores o tendré la posibilidad de embarcarme a un nuevo lugar como tanto ansío también.

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