Que no me da la gana pasar media vida buscando esa frase que tal vez ni exista - Extremoduro.

This world has only one sweet moment.

miércoles, 12 de enero de 2011 by Chio Eme
Quiero decirlo, es la verdad; hoy no percibo ni un sólo ruido. Ni hoy ni ayer, ni anteayer. El monstruo de mi estómago está tranquilo, apaciguado, dándome otra de sus largas - e interminables - treguas. O quizá se la he dado yo a él, no lo sé. 
De pronto el árbol, un día, comienza a desprenderse de sus hojas marchitas, para guardarles un tiempo de luto, hasta finalmente, haber dejado suficiente espacio para otras más jóvenes, más vivas y plenas. ¿Quién querría negarles a esas hojas la oportunidad de vivir? Mi árbol está desnudo pero, sus raíces, siguen siendo las mismas, inevitablemente.
Me he creído yo hoja, y me he sentido totalmente desconcertada y sorprendida bajo el poco empírico sentimiento - como todos - de haber pasado un proceso de selección; me decía: ¿por qué caen unas hojas primero, y no otras? Creo que cuando alguien se propone algo tan impetuosamente y luego lo desecha, la parte residual de ese propósito queda en él, sin ser uno consciente de ello. Y luego se lleva la gran sorpresa de ver su propósito realizado por sí mismo por pura casualidad. Y así, sin más, su sueño carece de pronto de importancia. Una vez probada la manzana que cayó del árbol, se la deja caer hasta el suelo.
Y te dices, y te gritas: ¡tienes que poner en orden tus prioridades! Parece que una fuera por ahí arrojando bombas que explotasen por no saber desactivarlas. Supongo que es sencillo: si no sabes desactivarlas, no las lances. Aunque lanzar bombas está feo de todas formas. Pero, ¿y si el antiguo deseo de lanzarlas permaneciese ahí oculto? ¿y si se desarrollara solo?
¿Cuál es el parásito más resistente? Una idea. Sólo una idea de la mente humana puede construir ciudades. Una idea puede transformar el mundo y cambiar todas las reglas.La moneda gira y no siento ninguna inclinación por una cara u otra. Por fin hay calma, de la verdadera, de la que le ha ganado una merecida batalla al caos. Una calma imperceptible, de la que te permite mantenerte a raya y vivir con tanta facilidad como el tomar aliento.
Todo estará bien mientras la moneda siga girando y la bomba siga sin estallar. No quiero monedas, ni bombas... pero tampoco las hojas quieren caer, ni seguir para siempre en suspense, expectantes, colgadas del árbol.
Éste es del tipo de pauses que no incordia mientras se mantenga bien pulsado en mi cabeza. Prioridades. Ya no las tengo, no estoy lista.
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Algo especial

viernes, 7 de enero de 2011 by Chio Eme
Sacúdelo de mí; viene y va, no me pertenece, no me termina de abandonar. Me inquieta, me irrita y me calma mejor que cualquier anestesia. Cuando quiere se pasea por dentro de mí, impregnándolo todo de luz, de magia, haciéndome sentir capaz de algo; a veces me marea. Siento que intenta salir y traspasarme con tal efusividad y prisa que se pierde por el camino y no deja más que un mal rastro de huellas difusas, que poco dicen de él mismo. Me agobia, me inmoviliza como a un insecto en una telaraña que, asustado, se siente inútil porque ni tan siquiera puede luchar en el momento de su muerte. Me tiene días enteros en ascuas, es culpable de mi impotencia y mi rabia cuando todo se vuelve turbio en mi cabeza. Es tempestad y caos en estado puro, es remedio y enfermedad.
Música que amansa a la fiera que se esconde en mí, tintineo silencioso que me incita a dar forma a las cosas. Querer captar un todo, una exactitud, pero quedarse a medio camino buscando esa escurridiza certeza. Una certeza de la que sólo veo una sombra, un reflejo, que me provoca para que busque su imagen completa. Y me vuelvo loca en esa danza de inestabilidades, porque no voy al ritmo de la música, porque no es una música humana. Doy vueltas y vueltas y cada vez la veo más lejos. Oh, musa; mil aspectos tienes y bajo todos te escondes. Pero no pareces querer aparecérteme, no creo que tenga yo esa suerte. Porque en ti y en tus siluetas veo ese sentido, esa señal discontinua que debe indicarme qué he venido a hacer aquí.
Sigo sin ver más señales, sin poder percibirlas. Sigo sin ver causalidad, y no puedo salir de la casualidad por más que lo intento. De pronto, entonces, algo se mueve, como buscándome en ese recuerdo inventado y me recuerda que yo necesito que las cosas signifiquen algo. Y cómo de a menudo utilizamos esa expresión: espera, que este objeto tiene su significado... Y lo tiene. Y cuando tengo suerte viene a mí, y lo dejo salir, y fluimos. Y me gusta mecerlo, mimarlo, y darle todo lo que quiera. No me abandones. Y me grita, me pide que haga algo, lo que sea, y que deje de buscar agua en el desierto, porque si no echo yo a andar, nunca podré salir de él. Suerte tiene quien va a parar a un oasis; pero no creo que ésa sea la solución, ni que estos puedan permanecer en uno para siempre. Esperar o buscar, diversión o intimidad, forzar o dar espacio. Titubear, dudar, fracasar, no ser lo bastante especial. Tomárselo-en-serio. ¿Pero no era un hobby? Mmm. Pensar, diferir, excusar. Perder, escoger, rechazar. A la mierda con los collages, y mira que no los soporto, sin embargo... A veces uno se pierde, almacena tantos y tantos trastos in/útiles en casa que parece que no queda ni una esquinita por la que pueda correr algo de brisa. Y entonces los agrupa por categorías, por cajas, y de repente se engaña a sí mismo regodeándose en ese falso orden. Eso es lo que acontece dentro de todas las cabezas: un falso orden. Una estabilidad aparentada. Cómo darle forma para purgarnos de ese caos, he ahí el dilema. Cuándo hacerlo, y de qué manera. Cómo hacerlo fácil, porque realmente es difícil. Aprender a subirse al tren cuando éste pase rápido para evitar ser cogido, y sacarle el máximo provecho a ese viaje que nos quiera regalar.
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Toma, alíñale!

domingo, 2 de enero de 2011 by Chio Eme
Supongo que hoy es uno de esos días especiales, mágicos, en los que el cuerpo entero te pide hacer una excepción. Más que una excepción, yo diría que se trata de una pausa, de un descanso. Si mi cabeza se materializara, hoy podría decir que la he observado irse de vacaciones a la playa; más concretamente, la he observado sentada en la orilla, en el rompeolas, perdiendo totalmente la noción del tiempo. Incluso se ha dejado caer por el chiringuito. Sólo en verano puede uno disfrutar tan a menudo de un buen espeto de sardinas y de una fría cocacola que, sin ninguna duda, nunca antes hasta ese momento había calmado tan bien la sed y el calor. 
Me pregunto si volverá mañana, a regañadientes, tirando la maleta por el cuarto y negándose a deshacerla, porque no quiera hacerse a la idea tan pronto de que el descanso ha terminado. Yo le diría, creo, "tranquila mujer, tienes licencia para todos los días que quieras, me las he apañado tan bien sin ti...". No te he dado el respiro yo, me lo has regalado tú a mí.
No sé si es que hay días que son mágicos porque sí y por norma, pero no fallan. La regalada sensación de que no importa lo mucho que la hayas cagado contigo misma o con los demás, pues se te brinda otra oportunidad más para relajarte y aceptarlo, y puedes aprovecharla a tope, a medias, o no aprovecharla, simplemente; si quieres te regañas, si no, bueno, es que has entendido por fin que no tienes por qué hacerlo. 
Haz lo que quieras, siempre, nunca dejes de hacerlo. Aunque sea la decimo octava vez que ves esa película, ese episodio, o la tercera vez que meriendas. Aunque ya tuvieras tu día perro ayer y hoy tampoco te apetezca salir, ¡pues no lo hagas! Aunque aún no hayas empezado a estudiar, uno trabaja mejor bajo presión y de ostias se aprende. Aunque tengas que limpiar el salón desde hace una semana y estés tan pancha en él, sabiendo que transmites la sensación de que te miras el ombligo un poco. Aunque te sientas tentada a hacer algo pero en el fondo sientas que no; pues no, si no te apetece sentirte un animal, no lo hagas. He aprendido pocas cosas este año, si es que las he aprendido, y mucho me temo que algunas son malas. Bueno, quizá no malas, pero sí poco generosas. 
Qué le pides al 2011... Valor, pensé primero, y lo mantengo. Que nunca falten agallas, las cook spunks, porque son el motor que tira del carro. Pero también le pido no ponerle yo demasiado la zancadilla a lo que venga, dejarlo suceder, porque quiero arrugas. Sí, arrugas en la cara, de las que te salen de reír, o de las que salen con el paso del tiempo. Son la prueba de que has vivido y reído, de que tienes una historia que contar o compartir.
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El espejo de Oesed

miércoles, 29 de diciembre de 2010 by Chio Eme
El mundo es mundo, nos guste o no; no va a cambiar de sitio, ni a desaparecer de un instante a otro. Tampoco va a mutar repentinamente, aunque sí, como ha venido haciendo desde sus orígenes, lo hará a la larga. Y esto es lo que hay, y lo juzgas sin haberte recorrido cada una de sus millones de esquinas, que no las cuatro que tan repetidas tienes. Y sueñas con otro mundo que, en realidad, no es muy distinto del que te rodea. No es ése tu mundo, sino éste. El que palpas, el que respiras cada mañana con dificultad, pues tus sábanas son expertas en cortarte el aire y sumergirte en esa peligrosa atmósfera que te has creado y de la que te cuesta salir. Algunos no lo entienden; pero a los rincones de tu atmósfera les falta magia. Y cuando un caracol vive tanto tiempo dentro de su concha, cree que no hay más mundo que ése. Del mismo modo, crees que también el mundo externo, el que no quieres, carece de magia. 
No se trata de magia en el sentido más estricto de la palabra, de la irreal y de película. Se trata de la magia más puramente infantil e inocente. De la de los niños, que tan bien han aprendido a hacer convivir su mundo interno con el real. Que viven tanto en un mundo como en otro, que no aborrecen ninguno de los dos, que ni siquiera son conscientes de que puedan existir estos dos mundos, si es que así es. Los niños, que, por encima de todo, creen. Creen que todo es posible, tienen especial intuición para poder palpar con algún sexto sentido la parte especial o mágica de la vida; la que dota a los cuerpos de movimiento. Supongo que algunos somos juguetes que hace tiempo que no son usados, que no nos toca o roza la magia que los niños dan a sus muñecos para que estos puedan jugar con ellos. 
Y me pregunto si se podrá recuperar esa magia de la que tan deliberadamente nos hemos desentendido; como si no la necesitásemos, como si fueran cosas de críos, como si no lo fuéramos ya nosotros... Y me pregunto dónde estará, si en nuestro mundo, del que la hemos desterrado, o en el interno. Hay sabiduría en los niños y en sus cosas: dejémonos enseñar, aprendamos esa simbiosis que concilia y pone en comunión nuestros dos mundos y los vuelve uno sólo, tocado y ligeramente impregnado de cierta magia.

—Nos muestra lo que queremos... lo que sea que queramos...
—Sí y no —dijo con calma Dumbledore—. Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos. Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.
Continuó:
—El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado. No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo. Ahora ¿por qué no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?
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Sandía.

domingo, 26 de diciembre de 2010 by Chio Eme
Imagina tener manos y no saber dónde meterlas. A mí me pasa; voy andando por la calle y me siento desnuda si no tengo bolsillos donde llevarlas. Imagina tener pies y no saber cómo hacerlos andar. Tener ojos y no saber cómo abrirlos para ver. Imagina tener todos los órganos de los sentidos en sus óptimas condiciones para desarrollarse pero, sencillamente, no poder hacerlo. Imagina tener toda la materia frente a ti, lista para modelarse, pero percatarte de que ha debido cometerse un error, pues tú no eres ningún demiurgo. No sabes por qué está ahí, qué debes hacer con ella; no tienen esa gracia tus manos. Muchos te dirán: pues improvisa. Ya. Se ve que a todos nos gusta eso de improvisar. Que, realmente, cuando uno no sabe que hacer con su masa, es la mejor alternativa.
Pero imagina tener mejor suerte: ser un demiurgo que, realmente, anhela ser, por ejemplo, materia. Seguro que sus anhelos poseen la suficiente fuerza y es tal la ilusión que le invade, que ya tiene un motivo lo suficientemente poderoso como para luchar por ser materia. Yo a veces lo veo así; como si todos naciéramos desde una posición distinta, o igual: demiurgos, materia, barro, arcilla... y desde ahí, cada cual, pudiera estar conforme con lo que le va tocando, o tuviera la opción de elegir, o pudiera cambiar su pan por una sandía. El caso es querer; tener algo que te motive, una razón por la que querer ser una cosa y no otra, o una razón simplemente para ser, aprovechar el hecho de ser e improvisar, en caso de que no se te ocurra nada mejor que hacer. Pero, siempre hay un margen de error, ¿no? El famoso 0'000007% responsable de resultados no deseados. ¿Y si eres demiurgo, y no tienes ganas de serlo, pero tampoco tienes ganas de ser cualquier otra cosa? ¿Y si tampoco le ves sentido a improvisar? 
En fin por estaciones se mueve el mundo.
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Cook Spunks

viernes, 24 de diciembre de 2010 by Chio Eme
Soy sólo un niño, no tengo sentido, no me lo intentes buscar. No creas que me importa porque no sé lo que es importar. No me busques explicación, pues créeme, no la tengo. Si de animales se tratase, yo les ganaría en instintos. ¿Por qué iba a estar mal guiarse por ellos? No, no lo intentes, no creas que por fin has dado con el quid de la cuestión. Es mucho más complejo que todo eso.
Aspiro, siento, espiro y me siento vivo. Corro, grito, salto y soy el móvil, pero también la ley que rige ese movimiento. ¿No ves que huyo de mí mismo? Aquí, encerrado en este cuerpo, y después, ¿qué? No estoy seguro de que haya un después, y creo que tú tampoco. Nadie puede estarlo pero, ¿y mientras? ¿Cómo somos de necesarias las personas unas para otras? ¿Será ésa la gran tragedia del ser humano que a todos acontece y que todos nos empeñamos en esconder? Necesidad, o no, llámalo sentido; cierra una ventana, abre otra... el caso es ventilarse. ¿No te sientes, de pronto, más aliviado? Es humano perderse, no encontrarse, no encontrar ese sentido. Y ver cómo el resto de las personas que te rodean se comportan como si sí lo poseyeran. ¿Lo poseerán de verdad? ¿Puede uno no perderse en sus misterios, contradicciones, confusiones... o en los ajenos? Naturalmente puede salir de ellos, pero la única forma de hacerlo es afrontándolos, no dándoles la espalda y fingiendo no haberse percatado de ellos. Es tiempo de luchar, una vez más, contra el caos. Porque esto es lo que hay; déjate llevar por él y estarás perdido, combátelo y sacarás el desastre que hay dentro de ti.
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Sensaciones difusas

lunes, 13 de diciembre de 2010 by Chio Eme
No digas nada; estoy lista. Lista para acariciar palabras, robar susurros y dejar que el frío se clave en mi piel, como si fuésemos uno, piel y escudo. Lista para dar un salto al vacío y abrir al máximo la boca para llenar mis pulmones de aire, hasta que estén tan borrachos de él que se sientan explotar, irradiar tantísimo viento. Lista para apagar la voz en off, dejar los papeles en blanco y escribir con una brocha y azul metálico. Lista para convertir lo asbtracto en real y dejar lo real en el aire, para que actúe como veleta de todos mis movimientos. ¿Quieres bailar? Avancemos por la vida dando pasos de baile, al son de nuestros latidos para olvidarnos por fin, por siempre y porque sí, del obligado y pesado caminar, que sólo contribuye a crearnos esa sensación de que haya un camino que recorrer, un obligatorio destino. Deja esa frase a medias.
Y cambiar por fin de abrigo, guardar en el armario para siempre el abrigo oscuro que denota la templanza de quien ha visto atardecer la madurez de sus días y la melancolía de su memoria; una memoria engañosa, traicionera, que quiere hacernos añorar aquello que nunca poseímos. Abandonemos este peligroso mundo de los sueños, para volver al real y afrontar la impotencia de no saber cómo ni por qué lo habitamos.
No tenemos más incentivo que nosotros mismos, nada a lo que agarrarnos excepto a nuestra propia carne, que se estremece bajo la fuerza con que desesperadamente nos aferramos a ella. 
No te abrumes, pon tus problemas en orden. Comienza una acuarela con ellos y tíñela de colores que nadie perciba para que nadie juzgue tu manera de afrontarlos. No aceptes más sugerencias, renacerán tus ganas de vivir.
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