Que no me da la gana pasar media vida buscando esa frase que tal vez ni exista - Extremoduro.

La resurrección de los sentidos

domingo, 3 de abril de 2011 by Chio Eme
Tan simple como andar, golpear el suelo a cada paso, o simplemente arrastrar los pies. Tan simple como cuando suena una canción y la cabeza y los hombros se te mueven solos. Como tener hambre y comer.
Últimamente me siento como si me hubiese comprado un billete de ida a "vacaciones-landia" y ni tan siquiera se me pasara por la cabeza el fijar una vuelta. Y no, no me molesta, no sé si ésa es la mejor o la peor parte, pero parece que he dejado de sentirme culpable; debe ser que la conciencia es humana, como nosotros, y también sucumbe a la tentación de emborracharse y desentenderse de todo. 
A veces tengo miedo, me aterroriza este viaje sin retorno a ninguna parte, aunque me trate bien y me mime y consienta, y aunque, en realidad, eso no tenga demasiado mérito, ya que mis exigencias y caprichos son más bien pocos. 
No me apetece avanzar, éste es un deliberado punto muerto. Y no se trata de desgana, ganas, por fin, no me faltan. Supongo que siempre he pensado que la vida se mueve por rachas, pero rachas cíclicas, viciosas, repetitivas una tras otra: una buena, una mala, una agobiante, otra tranquila... Y de pronto ves que ya no sigues en la carretera, que has dejado tu trayectoria recta uniforme, y que has cogido un desvío, sin ningún motivo, que lo mismo te hubiera dado coger ése que tomar otro... Porque lo importante era salir de esa trayectoria, de ese círculo vicioso, y te habrías apuntado a un bombardeo, para ser más exactos.
Ni estoy madurando, ni estoy creciendo, ni parece que me importe lo más mínimo. Ni avanzo en sentimientos, ni sé si los dejo avanzar; por no saber, yo ya no sé si tan siquiera existen, porque me he hartado de pensar en ellos, hay cosas más fáciles en las que pensar.
E intento reeducarme, como cuando viajas a algún sitio e intentas conocer la cultura para integrarte en ella. Dictadora total de las costumbres y hábitos que integran la cultura de "vacaciones-landia", de este cuerpo con el que algo habrá que hacer. Intentando, al menos, instaurar unos hábitos sanos, beneficios, realistas... pero intentando, eso es todo. Y cómo odio el verbo intentar, cómo odio intentar dejar de odiarlo. 
Cuando te sales del recto camino, no sólo cuesta volver a él, sino que deja de tener sentido. Ojalá no fuera así, pero lo es. Y digo ojalá porque el camino no tiene nada de malo, ¿qué hay de malo en sentirte seguro agarrado a tu barandilla? Nada. No hay juicios sensatos que puedan refutar eso. Pero deja de ser para ti, eso es todo. Y, ¿qué te queda entonces? Si no puedes andar por la tierra, por sus senderos, ¿por dónde avanzar? Por el cielo, supongo, no queda más remedio que volar. Volar te da perspectiva, te ayuda a superar tus miedos, es muy agradable, no voy a negarlo. Pero qué sentido tiene avanzar sin alguien a tu lado, sin personas con las que pisar, pasear, o romper silencios. Demasiado silencio embota la cabeza, demasiado ruido la hace estallar. ¿Conclusión? (Si es que alguno de estos pensamientos que llevo media hora mareando - como algo que no te apetece comer y esparces cada vez más por el plato - tiene sentido): sigue tomando desvíos hasta que des con el acertado y no vueles demasiado; te hace asocial, y te hace menos humano.
Se me están agotando las ideas, las etiquetas, las categorías y los métodos. Ya no hay caos, pero tampoco hay calma. Sólo nervios, un manojo de nervios tan estirado que aumenta la velocidad de todos mis movimientos; me produce ansiedad y mucha, mucha inquietud. Sigo cavando mi hoyo en busca de algo, sigo buscando claridad en un cielo totalmente despejado. Porque miro todo el orden y me siento hipócrita y falsa. Porque no sé lo que quiero, nunca lo sabré y la indecisión me acompañará siempre, como buena amiga mía. En fin, ¿motivación?

Admiración - frustración

martes, 22 de marzo de 2011 by Chio Eme
Te miro y no puedo evitar compararme; admiro tu valentía, detesto mi pasividad. Todo en ti me recuerda a una sola palabra: fuerza; o, como me gusta llamarla, las Cook spunks. Nada en tus acciones es casual, me atrevo a asegurar, aunque no seas una persona en absoluto insegura. No sé si eres de los que se proponen algo y lo hacen, o si más bien tienes el don de la concordancia, de la consecuencia; es decir, no mancillas tus días con esa desagradable desidia de la que el resto de los mortales tratamos de escapar.
Exagero, quizá, al colocarte al margen de los demás, como si no fueras normal, pero, en realidad, no se trata de eso; simplemente constituyes el concepto de normal que aparece en mi cabeza, el que le gustaría que existiera. Creo que irradias pasión, una pasión no contenida, sino desbordada, ebria de poder. Y te admiro una vez más, porque representas todos mis sueños, tal y como los concibo. Y me pregunto, ¿qué nos diferencia? ¿qué me hace incapaz o me limita?
Tú, humano, dices estar hecho de historias. ¿De historias? Tal vez, pero más bien de sueños. ¿Pero de qué sirven los sueños sino hay fuerza psíquica que los pueda llevar a cabo? Esa fuerza psíquica, esas agallas, existen dentro de todos, la cuestión es cómo despertarlas. Una vez más, me hallo dándome caramazos contra la pared que me aprisiona, por imbécil, por empanada, por vaga, por pasiva, por cobarde, por indiferente. He escuchado por ahí, que es necesario introducirse en la corriente de peces para tener ganas de salir de ella, verdaderas ganas. No me obligaré más a entrar en ella, y si entro será porque me apetezca. ¿Por qué no nos aceptamos tal y como somos? ¿Por qué nos empeñamos tanto en ser normales?
Ahora quiero ser normal, como lo que yo entiendo por normal, como cualquier persona que va a por lo que quiere, porque no tenga cabida en su mente otra forma posible de vivir la vida. 
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We can fly; come on, let's try.

miércoles, 2 de febrero de 2011 by Chio Eme
¿Nuestras elecciones definen nuestra identidad?
"If you can choose your identity, cause I tried today, and now I feel kind of less like me and I mean I’m not exactly over the moon about being me in the first place. But now, I think I kind of like it less when I’m trying not to be me. Cause I just wanna like... just be." - Franky F. 
Sí que nos portamos como bacterias, sí que respondemos ante los estímulos y nos movemos desesperadamente en busca de ellos. Quizá no en la práctica total, quizá en esa sumatoria tengan algo más que ver nuestras elecciones pero, en lo que se refiere al corto plazo (lo que a fin de cuentas constituye el día a día y la vida en sí) uno se esfuerza por vivir, ¿no? Por fluir. Por intentar hacer las cosas bien, pero intentando vivir y disfrutar el momento. ¿Y no consiste eso en simplemente ser, sin pensar en cómo es eso de ser, o qué se es
Hay algo que se escapa a todo esto, y es que tomamos decisiones, de vez en cuando. Algunas de manera mecánica, otras requieren un esfuerzo cognitivo considerable. Pero, sea cada cual sincero consigo mismo ¿uno se pasa todo el día tomando decisiones sobre cada acción que lleva a cabo? ¿Decides ir a clase o simplemente vas? ¿Decides comer o simplemente comes? Dios, sería agobiante tener que replantearse metafísicamente cada pequeña acción. De modo que parece razonable decir que, en cierto modo, ¡menos mal!, fluimos. Aunque sea por inercia, o sea, rutina. 
Pero, hay que añadir algo. Se supone que todos, o muchos, tenemos nuestro gran sueño o nuestros pequeños sueños. Ambiciones. La gran piedra madre en torno a la cual todas las piedrecitas de nuestro camino miran. Y entonces parece que esa gran piedra es la que decide la dirección del flujo de tu inercia, o sea, rutina. Y a veces eso reconforta, en las malas rachas, cuando uno se pone trascendental y no entiende qué se dedica a hacer con su tiempo ni por qué lo hace. Otras veces anima soñar e imaginar que llegamos por fin a alcanzar ese gran pedrusco. O quizá, simplemente, nos acostumbramos a que ese pedrusco esté ahí. ¿Pero no pasa también que nuestros sueños cambian? ¿Es obligatorio, acaso, soñar con algo? Seguro que no, no todo el mundo funciona igual, es genial que ocurra también que uno no se agobie ni desespere observando lo lejos de su alcance que está su piedra. Puede haber muchas de ellas, más próximas y realistas, y que la sumatoria de todas ellas dé una sensación tanto o más genial que la del pedrusco grande.
A veces me agobia contemplar ese flujo de inercia ajena, porque me hace recordar que yo también debo desprender uno semejante, y espero que no sea ésa toda la huella que vayamos a dejar por el mundo. Y precisamente porque tenemos tiempo, porque ni siquiera tenemos por qué alcanzar ninguna gran piedra, hay que relajarse. Sé que hay ciertas piedras que parecen fundamentales porque da la sensación de que sin ellas el engranaje no se mueve y la máquina no avanza, ¡pero no es verdad! No existe tal engranaje: no tienes que creer que eres un completo infeliz porque te falte la codiciada piedra que rota de tiempo en tiempo en la vida de todos y cuyas imitaciones están tan sobrevaloradas. Si tan sólo nos limitáramos a ser, y no a pretender ser algo... 
Puedes no tener ningún gran proyecto en mente y sentirte más completo que nunca, o más vivo, más ser. Puede que toda tu ambición sea soltar en una carcajada todo el aire y después respirar. Puede que no tengas ganas de dar explicaciones ni el por qué de tus acciones, porque aunque siempre inevitablemente las premedites un poco, pueden ser incoherentes, o no tener sentido. No quiero ser yo misma, ni siquiera sé lo que significa eso. No quiero ni puedo dar explicaciones, porque no las hay. Así que no las pidáis, no las déis.
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Mojitos party

martes, 18 de enero de 2011 by Chio Eme
Me gustaría poder decir que estoy segura, completamente, pero dudo y me siento débil y vulnerable. Hay ojos que de vez en cuando juegan a arrojar miradas con una fuerza de tal magnitud que parece que te atravesaran el alma como con rayos X, y dejaran todos tus secretos, tu intimidad y tu ingenuidad al descubierto. No hay escudos para esos rayos, constituyen un peligro permanente del que, lejos de huir, uno se siente atraído inevitablemente hacia él; como las polillas van a la luz, y las avipas al agua... como si se abriese paso ese instinto animal irracional, y ya no hubiera manera de detenerlo.
No soy de fiar, no lo creo. Me engaño y me conduzco a callejones con salidas poco definidas que no sólo me pierden a mí, me temo. Un día pienso en gris, y al siguiente en blanco. O quizá en el momento de afirmar que pienso en blanco empieza a asomarse tímidamente el gris como reclamando atención, y se la doy. 
Siempre me gustarán las bacterias con sus quimiotactismos positivos y negativos; tan perfectamente simples y sencillos. Sus movimientos responden, de manera automática, a determinados estímulos ambientales o señales del medio; sin más. Y en caso de ser nosotros bacterias, no sabría decir yo a cuál de los dos respondo. El positivo corresponde al desplazamiento hacia el lugar con mayor concentración de esa determinada sustancia provocadora, y el negativo hacia el que menos. Me imagino este último como una especie de mecanismo de defensa, o quizá de repulsión o aversión. A veces la intensidad de esos estímulos asusta, y uno puede optar por huir de ellos, aunque le lleve a una zona que los contenga en menor medida, pero los posea, a fin de cuentas.
Quizá cuando sentimos estímulos demasiado parecidos a los propios, nos sentimos algo saturados, no lo sé. Como cuando se te satura la nariz por un determinado olor y éste te impide oler nada diferente durante un rato y te agobia. 
Quizá nuestros receptores tienen sus auges y sus caídas, y después de sobre-excitarse pierden cierta eficacia y se pochan, fingiendo una retirada para recuperarse y volver a actuar con una actitud más abierta cuando estén listos, pero sin avisarte, claro, para pillarte desprevenido. 

Si no vas a venir avísame pronto
que yo quiero bailar,
sólo quiero bailar,
sólo quiero olvidar toda esta situación...
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This world has only one sweet moment.

miércoles, 12 de enero de 2011 by Chio Eme
Quiero decirlo, es la verdad; hoy no percibo ni un sólo ruido. Ni hoy ni ayer, ni anteayer. El monstruo de mi estómago está tranquilo, apaciguado, dándome otra de sus largas - e interminables - treguas. O quizá se la he dado yo a él, no lo sé. 
De pronto el árbol, un día, comienza a desprenderse de sus hojas marchitas, para guardarles un tiempo de luto, hasta finalmente, haber dejado suficiente espacio para otras más jóvenes, más vivas y plenas. ¿Quién querría negarles a esas hojas la oportunidad de vivir? Mi árbol está desnudo pero, sus raíces, siguen siendo las mismas, inevitablemente.
Me he creído yo hoja, y me he sentido totalmente desconcertada y sorprendida bajo el poco empírico sentimiento - como todos - de haber pasado un proceso de selección; me decía: ¿por qué caen unas hojas primero, y no otras? Creo que cuando alguien se propone algo tan impetuosamente y luego lo desecha, la parte residual de ese propósito queda en él, sin ser uno consciente de ello. Y luego se lleva la gran sorpresa de ver su propósito realizado por sí mismo por pura casualidad. Y así, sin más, su sueño carece de pronto de importancia. Una vez probada la manzana que cayó del árbol, se la deja caer hasta el suelo.
Y te dices, y te gritas: ¡tienes que poner en orden tus prioridades! Parece que una fuera por ahí arrojando bombas que explotasen por no saber desactivarlas. Supongo que es sencillo: si no sabes desactivarlas, no las lances. Aunque lanzar bombas está feo de todas formas. Pero, ¿y si el antiguo deseo de lanzarlas permaneciese ahí oculto? ¿y si se desarrollara solo?
¿Cuál es el parásito más resistente? Una idea. Sólo una idea de la mente humana puede construir ciudades. Una idea puede transformar el mundo y cambiar todas las reglas.La moneda gira y no siento ninguna inclinación por una cara u otra. Por fin hay calma, de la verdadera, de la que le ha ganado una merecida batalla al caos. Una calma imperceptible, de la que te permite mantenerte a raya y vivir con tanta facilidad como el tomar aliento.
Todo estará bien mientras la moneda siga girando y la bomba siga sin estallar. No quiero monedas, ni bombas... pero tampoco las hojas quieren caer, ni seguir para siempre en suspense, expectantes, colgadas del árbol.
Éste es del tipo de pauses que no incordia mientras se mantenga bien pulsado en mi cabeza. Prioridades. Ya no las tengo, no estoy lista.
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Algo especial

viernes, 7 de enero de 2011 by Chio Eme
Sacúdelo de mí; viene y va, no me pertenece, no me termina de abandonar. Me inquieta, me irrita y me calma mejor que cualquier anestesia. Cuando quiere se pasea por dentro de mí, impregnándolo todo de luz, de magia, haciéndome sentir capaz de algo; a veces me marea. Siento que intenta salir y traspasarme con tal efusividad y prisa que se pierde por el camino y no deja más que un mal rastro de huellas difusas, que poco dicen de él mismo. Me agobia, me inmoviliza como a un insecto en una telaraña que, asustado, se siente inútil porque ni tan siquiera puede luchar en el momento de su muerte. Me tiene días enteros en ascuas, es culpable de mi impotencia y mi rabia cuando todo se vuelve turbio en mi cabeza. Es tempestad y caos en estado puro, es remedio y enfermedad.
Música que amansa a la fiera que se esconde en mí, tintineo silencioso que me incita a dar forma a las cosas. Querer captar un todo, una exactitud, pero quedarse a medio camino buscando esa escurridiza certeza. Una certeza de la que sólo veo una sombra, un reflejo, que me provoca para que busque su imagen completa. Y me vuelvo loca en esa danza de inestabilidades, porque no voy al ritmo de la música, porque no es una música humana. Doy vueltas y vueltas y cada vez la veo más lejos. Oh, musa; mil aspectos tienes y bajo todos te escondes. Pero no pareces querer aparecérteme, no creo que tenga yo esa suerte. Porque en ti y en tus siluetas veo ese sentido, esa señal discontinua que debe indicarme qué he venido a hacer aquí.
Sigo sin ver más señales, sin poder percibirlas. Sigo sin ver causalidad, y no puedo salir de la casualidad por más que lo intento. De pronto, entonces, algo se mueve, como buscándome en ese recuerdo inventado y me recuerda que yo necesito que las cosas signifiquen algo. Y cómo de a menudo utilizamos esa expresión: espera, que este objeto tiene su significado... Y lo tiene. Y cuando tengo suerte viene a mí, y lo dejo salir, y fluimos. Y me gusta mecerlo, mimarlo, y darle todo lo que quiera. No me abandones. Y me grita, me pide que haga algo, lo que sea, y que deje de buscar agua en el desierto, porque si no echo yo a andar, nunca podré salir de él. Suerte tiene quien va a parar a un oasis; pero no creo que ésa sea la solución, ni que estos puedan permanecer en uno para siempre. Esperar o buscar, diversión o intimidad, forzar o dar espacio. Titubear, dudar, fracasar, no ser lo bastante especial. Tomárselo-en-serio. ¿Pero no era un hobby? Mmm. Pensar, diferir, excusar. Perder, escoger, rechazar. A la mierda con los collages, y mira que no los soporto, sin embargo... A veces uno se pierde, almacena tantos y tantos trastos in/útiles en casa que parece que no queda ni una esquinita por la que pueda correr algo de brisa. Y entonces los agrupa por categorías, por cajas, y de repente se engaña a sí mismo regodeándose en ese falso orden. Eso es lo que acontece dentro de todas las cabezas: un falso orden. Una estabilidad aparentada. Cómo darle forma para purgarnos de ese caos, he ahí el dilema. Cuándo hacerlo, y de qué manera. Cómo hacerlo fácil, porque realmente es difícil. Aprender a subirse al tren cuando éste pase rápido para evitar ser cogido, y sacarle el máximo provecho a ese viaje que nos quiera regalar.
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Toma, alíñale!

domingo, 2 de enero de 2011 by Chio Eme
Supongo que hoy es uno de esos días especiales, mágicos, en los que el cuerpo entero te pide hacer una excepción. Más que una excepción, yo diría que se trata de una pausa, de un descanso. Si mi cabeza se materializara, hoy podría decir que la he observado irse de vacaciones a la playa; más concretamente, la he observado sentada en la orilla, en el rompeolas, perdiendo totalmente la noción del tiempo. Incluso se ha dejado caer por el chiringuito. Sólo en verano puede uno disfrutar tan a menudo de un buen espeto de sardinas y de una fría cocacola que, sin ninguna duda, nunca antes hasta ese momento había calmado tan bien la sed y el calor. 
Me pregunto si volverá mañana, a regañadientes, tirando la maleta por el cuarto y negándose a deshacerla, porque no quiera hacerse a la idea tan pronto de que el descanso ha terminado. Yo le diría, creo, "tranquila mujer, tienes licencia para todos los días que quieras, me las he apañado tan bien sin ti...". No te he dado el respiro yo, me lo has regalado tú a mí.
No sé si es que hay días que son mágicos porque sí y por norma, pero no fallan. La regalada sensación de que no importa lo mucho que la hayas cagado contigo misma o con los demás, pues se te brinda otra oportunidad más para relajarte y aceptarlo, y puedes aprovecharla a tope, a medias, o no aprovecharla, simplemente; si quieres te regañas, si no, bueno, es que has entendido por fin que no tienes por qué hacerlo. 
Haz lo que quieras, siempre, nunca dejes de hacerlo. Aunque sea la decimo octava vez que ves esa película, ese episodio, o la tercera vez que meriendas. Aunque ya tuvieras tu día perro ayer y hoy tampoco te apetezca salir, ¡pues no lo hagas! Aunque aún no hayas empezado a estudiar, uno trabaja mejor bajo presión y de ostias se aprende. Aunque tengas que limpiar el salón desde hace una semana y estés tan pancha en él, sabiendo que transmites la sensación de que te miras el ombligo un poco. Aunque te sientas tentada a hacer algo pero en el fondo sientas que no; pues no, si no te apetece sentirte un animal, no lo hagas. He aprendido pocas cosas este año, si es que las he aprendido, y mucho me temo que algunas son malas. Bueno, quizá no malas, pero sí poco generosas. 
Qué le pides al 2011... Valor, pensé primero, y lo mantengo. Que nunca falten agallas, las cook spunks, porque son el motor que tira del carro. Pero también le pido no ponerle yo demasiado la zancadilla a lo que venga, dejarlo suceder, porque quiero arrugas. Sí, arrugas en la cara, de las que te salen de reír, o de las que salen con el paso del tiempo. Son la prueba de que has vivido y reído, de que tienes una historia que contar o compartir.
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