lunes, 19 de septiembre de 2011
by Chio Eme
Quiero no querer cambiar cada centímetro de mi cabeza, de mi ser, de mi forma de actuar o razonar en cada momento.
Quiero no querer gritarme, odiarme, no sentirme víctima de mis razocinios.
Quiero no sentir la necesidad de huir de donde sea cuando lo que busque en realidad sea escapar de mí misma y de mis juicios.
Quiero no ser como soy, pero al mismo tiempo quiero quererlo. Porque no quiero sentir mi propio rechazo y, con él, provocar el de los demás, o al menos así creerlo.
Quiero no sentir necesidad, lo que quiero es necesitarme.
Quiero quererme en cada una de mis facetas, naturales o provocadas. Pero, sobre todo, quiero no tener miedo de mí misma, de mis propios y escondidos deseos. Quiero encontrar la forma de aceptarlos, de materializarlos.
Quiero poder dormir sin recurrir a absurdas fantasías idílicas y no naturales a mi ser, pues quiero ansiar mis propios sueños, llegar a ellos directamente, sin florituras, sin caminos intermedios.
Quiero aprender a decir ¡NO! sin miedo, sin temor a que me rehúyan o se molesten.
Quiero estar segura del sentido y la razón de mis pasos, y no tener que parar a recodármelos. Quiero no tener que recordarme hacer las cosas, mis cosas, las que se supone ansío, por las que se supone vivo.
Y, más claramente, quiero querer esas cosas. Quiero querer lo que sea, lo que sea que me dicte la conciencia.
Quiero no esconderlo, quiero no concentrar mi atención en lo imposible y convencerme de que sea eso lo que quiero; no nos engañemos, probablemente lo sea, pero quiero dejar de usarlo como escudo, dejar de tener sólo eso en cuenta.
Dejar de querer tener lo imposible, pues con ello sólo busco no querer tener lo posible, pues lo posible es realizable, y lo realizable me asusta.
sábado, 10 de julio de 2010
by Chio Eme
La extraña e incesante frustración de no saber qué hacer con mi vida me persigue. No sé si correr o dejar que me alcance. En muy pocas ocasiones me embarga la lucidez suficiente para darme cuenta de que, bueno, todos somos raros, pero una a veces siente que se lleva la palma.
A veces la euforia y la fuerza parece que quieren explotar y salir de mi cuerpo, por ello lo recorren a toda velocidad provocándome una familiar sensación de desequilibrio, de extrañeza.
Estar borracho/a y quedarse como un tonto mirando las luces de la discoteca. Salirte solo/a a la calle en busca de aire. Hablar como si nada con el primero que se te presenta. Me resultan graciosos, a la par que curiosos, los efectos que el alcohol tiene sobre nuestro cerebro. ¿Por qué la vida corre a cámara lenta en esos momentos? Si te quedas inmóvil y te quedas mirándola, te sientes de pronto desubicado, te recorre una sensación de agobio, de inutilidad, de desconcierto, de cobardía.
Agobiante; no consigo aflojarme del todo la corbata. Como mucho logro desabrocharme un par de botones de la camisa. No sé qué hacer, no sé cómo hacerlo, no sé qué quiero. Siempre en standby, siempre en estado de espera, sin saber a qué esperar. Esto es la vida, y no es ningún misterio que no hay más que una, pero es que sé que no logro que los días no sean más que números en el calendario, y eso me atemoriza. No es eso lo que quiero, ni lo que espero, yo quiero mucho más. Quiero empezar, poner el marcador a cero, que empiece a marchar mi cuenta kilómetros. Se acabó el esperar, necesito actuar.
Para algunos, dejarse llevar suena demasiado bien, pero quién coño logra hacerlo... Un puto bicho raro, pues sí, eso he sido siempre y siempre lo seré. O una rayada de mierda. Uno es como es, por lo menos puedo decir con firmeza que es de las pocas cosas que he aprendido: lo genial de la diversidad humana radica, sencillamente, en que cada uno se comporte tal y como es, por lo que no pienso, ni ahora ni nunca, recriminarme por ser así. No sé ser de otra manera, y lo he intentado. ¿Pero qué sentido tiene eso? Necesito regaliz.
Qué desperdicio; ¿no duele, dentro de uno mismo, sentir que desperdicias los días?
miércoles, 16 de junio de 2010
by Chio Eme
¿Quién quiere renunciar a su libertad para siempre? ¿quién no sueña con ser feliz?
Ir por la vida con un cuchillo de plástico para no ser mucho más peligrosos que eso.
Rock'n'rollear a voz en grito, ser los de siempre, unos animales. ¡Quiero esa clase que nos enseñe a recordar cómo sacar nuestros instintos más primarios!
Vertical, transversal, soy grito y soy cristal, justo el punto medio, el que tanto odiabas cuando tú...
Algo práctico, que tenga significado, que no se quede en un papel de cuentas emborronado cuya existencia nos ahoga, nos obliga a ponernos la corbata tan tan apretada que apenas nos deja gritar.
Algo que nos enorgullezca, nos haga sentirnos más grandes y no como hormigas, pues somos animales, sí, pero no insectos. Y es que, cuando pruebas la miel, ¿quién no quiere el enjambre?